domingo, 30 de mayo de 2010

Leona Enjaulada

No es fácil tener en una parcial inactividad, a una mujer como mi tirana esposa.
Tres días fue lo máximo que entre toda la familia, pudimos mantenerle confiscado su Nextel. Herramienta primordial de trabajo para ella, con quien mantiene una relación erótico-productiva.
Al cuarto día nos mandó a todos a freír espárragos; retomó el control total de su teléfono y computadora portátil, y a chambear se ha dicho.
Mi esposa es el claro ejemplo del espíritu de trabajo, que siempre ha caracterizado a la gente del norte de México. Su empuje y ahínco así como la manera en la que conduce a sus hordas de colaboradores, es en parte el hecho que le ha ganado el castrense mote de La Generala.

Por favor dime caro lector, como puedo mantener en estado de confinamiento en su segundo piso, durante dos semanas, a una mujer así. ¡A ver dime! No lo sé.
Creo que el título de esta entrada dice más que mil párrafos.

Digamos que mi cargo en esta honorable mansión, ha sido degradado a: Mesero, mozo, cocinero, enfermero, terapista físico, conserje, chofer, contralor y hasta psicólogo. Siendo este último, el que ha tenido los resultados más catastróficos.

La Primera Dama ya está harta de todos y de todo, en especial de este que escribe, que no ha hecho otra cosa, que ser el báculo de su discapacidad.

¡Amor!, (así dice para dorarme la píldora) ¿Me subes un té? Ahí voy con el té.
¡Amor!, ¿Me ayudas a quitarme esto? Ahí voy a quitarle eso.
¡Amor!, ¿Me ayudas a volvérmelo a poner? Allá voy presto a volvérselo a poner.
¡Amor!, ¿Me aprietas la faja? Voy y le aprieto la faja.
Al ratito oigo el inconfundible sonido del velcro despegándose y ya se que la faja, ha sido de nueva cuenta removida por las impacientes manos de mi consorte.
¿Ya te quitaste la faja mi vida? Sí, porque no me fajaste bien. ¡Que raro! Eres la primera que se queja. Ya cállate y apriétame bien la faja. Y allá voy las veces que sean.

Toda esta diligencia y excelente servicio, no hace que mi esposa se compadezca de mí. Todo lo contrario. En estás dos semanas me ha dedicado su peor humor. Esto… queridos lectores, quiero que se sepa y se esclarezca a la brevedad.

Pensé que si la dejaba trabajar un poco desde la casa le haría algo de bien. Todo lo contrario. La Generala es lo que los gringos llaman una “workaholic”, se apasiona demasiado en su trabajo y se molesta con facilidad ante la incompetencia del Masiosare promedio. Entonces se enoja y le aprieta la faja. Si le aprieta la faja, le duele la panza. Si le duele la panza se siente mal y si se siente mal ¡Ay de mi!

¿Qué te pasa “jani”? No me siento bien. ¿Te duele algo? No sé. ¿Cómo que no sabes? Pues me siento rara. ¿No te sientes como si te hubieran operado? Pues si, pero a demás siento otras cosas. ¿Por ejemplo? Pues no se; por lo pronto tengo nauseas. ¿Nauseas? O algo así (suspiro)-termina la confundida mujer, dejándome más confundido a mí.

Joey, quien ha demostrado tener una inteligencia menos desarrollada que una toronja, sorpresivamente ha comprendido este nuevo orden mundial bastante bien. Sólo le hace cariños a ella cuando le llaman y si no, se mantiene a prudente distancia, donde no pueda ser víctima del humor de su ama.
Sin embargo su tarea es más sencilla, porque a él no le piden que suba cosas o que baje cosas o que le quite o que le ponga.
Para eso necesitaría a Rin Tin Tin o a Lassie y pues yo creo que los dos, ya están en el cielo de los perros.

Abro los brazos, miro al cielo y le pregunto al creador: ¿Cuánto más durará esta locura? ¿O es que acaso estás probando mi paciencia para cuando me estrene como padre? ¿O sólo estás experimentando un poco para saber cuanto tiempo le toma a una persona perfectamente normal como yo, tomar la decisión de asesinar a otra?

Por favor no piensen que soy un desconsiderado. Yo se que la Generala está recién operada. Pero la realidad, es que el buen humor con el que salió del quirófano, se ha desvanecido completamente debido al confinamiento.
Por favor no me regañen. No me critiquen, no me digan nada.
Soy un hombre que ha sufrido mucho.

martes, 25 de mayo de 2010

El Via Crucis de la Generala

La Generala fue y vino del quirófano con gran éxito.
Entró en las endemoniadas fauces del lobo y salió sólo con unas mordiditas que le hicieron los mandados.

El sábado quince, como ya estaba estipulado; mi esposita se levantó a la siempre inoportuna hora de las cinco y media de la mañana, para bañarse, maquillarse un poquito, plancharse el pelo e irnos.
Yo no entiendo a mi esposa que, como seguramente muchas mujeres lo hacen, se peina para entrar al quirófano. Los hombres (o por lo menos este hombre) no comprenderemos nunca cosas tan ridículas como esa.
Pues así muy linda y muy planchada, la llevé hasta esa casa de la risa, que en realidad es un hospital “para la mujer”, donde luego de una rápida admisión, la treparon a una silla de ruedas y la llevaron al preoperatorio.
Casi una hora después, entré a verla ya en su camilla y con su batita, sólo para desearle suerte en tan arriesgada empresa.
Debo confesar, que la calma de la Generala, era perturbadora.

Así la vi irse rodando, empujada por dos enfermeras y así me quedé en la sala de espera haciendo lo propio con una variopinta concurrencia de familiares.
Ahí estaban mis suegros, unas tías de mi consorte y la Crayola con el Pelón.

La hora y media en que estaba prevista la cirugía, transcurrió en una relativa calma por parte del contingente.
Cuando se cumplieron las dos horas en el quirófano, este que escribe, comenzó a impacientarse y preocuparse, porque ya estaba demorando más de lo previsto.

Me acerqué al módulo de información, que resultó ser el menos informado, para preguntar sobre el estado de “my love”.
Me hicieron saber que la Generala seguía en cirugía, pero que me mandaba decir el anestesista que todo iba muy bien. También me mandó felicitar porque en sus años de carrera en esa noble profesión de dormir gente, nunca había visto una paciente mejor peinada.

Cuando se cumplieron las dos horas y media, me mandó llamar la doctora para informarme el resultado de la cirugía.
Mi suegra, como buena madre mexicana, me acompañó inopinadamente, para escuchar también.

Los quince segundos que se demoró la ginecóloga en contestar mi pregunta de cómo había salido la cirugía, por estar saludando a mi suegra, se me hicieron eternos.
La intervención había sido muy exitosa y a la par nos mostró el tremendo mioma maldito, que había acampado en el vientre de mi Emperatriz.

Cuando lo vi casi me desmayo y dejé de escuchar a la doctora, ante la imposibilidad de poder quitar la mirada de la tremenda pelota de golf, que le habían quitado a aquella. ¡No era para menos!, ese mioma estaba igualito a la señorita que nos atendió en admisión, así que dejé de hacerle caso a la galena, pero te puedo decir querido lector que todo salió bien y ya.

Un par de horas después, sacaron a la Generala de la temible sala de recuperación que, hay que decirlo, es peor que la cirugía; y ahí venía mi amada (todavía muy peinada, pese a la faena) agitando los brazos como si le acabara de anotar un gol al Barcelona. Eso si… muy acostadita en su camilla.

Las tres noches en el hospital, yo me la pasé yendo y viniendo a lugares sin mucha importancia. Iba a desayunar, luego regresaba. Iba a comer, luego regresaba. Me iba a mi casa a reposar un par de horas, para luego regresar a dormir en un amable sillón, que debo decir, se comportó a la altura de las circunstancias.

A lo largo de las tres largas jornadas, debo decir que mi primera dama se comportó como toda una heroína y al día siguiente, ya estaba paradita al lado de su cama.
El desfile de familiares y amigos, no paró prácticamente en todos los días, así como las llamadas de nuestros seres queridos que están lejos. Todos ellos preocupados por la salud de mi esposita, hasta el día de hoy.

A todos ustedes que estuvieron al pendiente y que a través de sus comentarios en este virginal blog, Facebook y Twitter, nos dieron ánimos… gracias.
También a todos los que llamaron desde la lejanía… gracias.
La paciente Generala con su estoico peinado, les agradece a todos por sus buenos deseos.
Yo también, a falta de mejores palabras… ¡Gracias totales!

domingo, 9 de mayo de 2010

Revelación

La Generala y yo no hemos podido tener hijos.
Discúlpame por favor lector querido, por recibirte con ese mazazo en la cabeza y sin antes lubricar un poco la conversación.
Le he dado vueltas y vueltas a este tema y decidí que lo mejor era hacerlo, como cuando uno se tiene que meter a una alberca con el agua helada. De a poquito sufre uno mucho, pero si te echas un solo clavado, a pesar de la profunda sensación de quererte sacar los ojos por la nariz, todo pasa muy pronto. Por eso te la suelto así sin agua va.

Mi amada consorte y quien esto escribe, tienen ya casi un año y medio en estos ires y venires. Primero resultó que su servilleta, tenía algunos cables cruzados, por lo que tuve que someterme a una sencilla cirugía, para reconectar el positivo con el positivo y el negativo con el negativo. No hablo de los cables del cerebro, esos ya no tienen remedio.
Después de eso, el embarazo nunca se dió y tuvimos que recurrir a otros métodos en los que ahora no profundizaré.
Hace tres semanas, resultó que la dueña de mis quincenas, también le habían surgido algunas cositas, que continuarán haciendo ardua y cansada nuestra misión de poder ser papás.

La Generala, temeraria como es, en contubernio con su ginecóloga; acordaron que lo mejor era someterse a una cirugía para extirpar los dos miomas que se alojan en uno de mis lugares favoritos.

Es por eso que el próximo sábado, a mi emperatriz, le meterán cuchillo, para poder extirpar este par de miomas metiches, que la verdad, ven la procesión y no se hincan.
¡A la mierda con ellos!

No te quiero deprimir querido lector con mis cosas; pero este proceso ha sido una larga batalla en que los dos, hemos luchado mes tras mes, en un proceso que solo podría definir como “El Círculo del Éxtasis a la Agonía”.

Creo que el nombre no podía ser más adecuado para este proceso, que empieza con un éxtasis (si me va bien dos o tres) y continúa con un largo, larguísimo proceso de espera, que siempre culmina con la maldita e infaltable noticia de que no se pudo.

El proceso es desgastante en si, pero creo que lo mejor de todo es que aunque a veces flaqueamos, no nos hemos dado por vencidos. La prueba de ello está, en que a mi consorte no le tembló la manita para decidir operarse y hacerse este “sencillo” procedimiento, que se encargará de dejarle su matriz nueva de paquete; sólo me queda amarla más, por ser tan entrona y decidida a este respecto.

Yo creo que en realidad lo que ella quiere, es ampliar el número de lacayos a su servicio, en los que Joey y yo, ya no somos suficientes. A veces pienso que su agenda oculta es formar un ejército de hijos e hijas que dominen el mundo y lleven su sagrada palabra a todos los rincones.

Nunca te he pedido nada querido lector; pero el próximo sábado 15 de mayo a las ocho de la mañana hora de México, te solicito que por favor le pidas a lo que sea que creas, por la salud de mi querida compañera. Por favor pide también, porque este procedimiento sea la batalla final, contra esa horrible cosa llamada infertilidad; para que la Generala y yo, podamos traer a este mundo a una (o unas…) personitas, que puedan hacerlo cada vez mejor.
Sobretodo, los que son padres, creo que entenderán mejor.

¿Te imaginas este virginal blog una vez que llegue un bebe a nuestras vidas?
Estoy seguro que será un material interminable de todas nuestras correrías. Desde los nueve meses de embarazo, hasta cuando por fin llegue y lo podamos cargar y abrazar.

A mi esposa sólo le digo que la amo con cada extremidad de mi cuerpo y que estoy seguro que en algún lugar, hay un hijo o hija que espera ser asignado a esta mansión, en la que lo seguiremos esperando con muchísima ilusión.

Quiera Dios.

domingo, 2 de mayo de 2010

Animosidad

¡Ay mis queridos y cada vez más escasos lectores!... como dice aquella olvidable canción de por supuesto no me voy a acordar quien caraxos: “Hay tanto que te quiero decir y no me animo”

Después de que la semana pasada, mi consorte tuviera la desfachatez de decirme, que mi entrada no le había gustado. Sólo para aclarar, se refería a la entrada del blog.
Por favor no vayas a creer que empiezo a tener ese tipo de problemas, porque estarás en un terrible error de proporciones catastróficas, así como el derrame de petróleo que ahora preocupa en el Golfo de México a Obama.

Pero ya me desvié.

Mi consorte se refería al escrito que publiqué para este cada vez más mosqueado blog y que no fue de su agrado. ¡Que difícil complacer a esta mujer!
¡Que difícil complacer a todas las mujeres del mundo!
Lo bueno es que como ya se legalizaron las bodas entre parejas del mismo sexo, ahora tengo la alternativa de poderme unir a algunos amigos que no tengan problemas hormonales.

Estoy seguro que hay varios de ellos que andan tras mis huesitos y la verdad es que yo no los veo con malos ojos. Por ahí está el Güero, que todo mundo sabe que siempre ha querido unir su vida con la mía y que es capaz de dejar a la coneja a la primera señal de asentimiento.
Por otro lado está el Gordo Reformado que pues también se rumoraba, que estaba como Ricky Martín, escondido en lo más profundo del closet, para salir en el momento menos pensado. Así que digamos que es el tiro más seguro que tengo.
Pero noticia de último minuto: El Gordo Reformado por fin, por fin, por fin, se ha conseguido una novia y por lo tanto, parece que por lo pronto estará fuera de circulación, probando como está eso de las mujeres.
En cuanto tenga más noticias se las hago saber.

Entonces, por la falta de pretendientes adecuados, creo que no podré divorciarme de mi Primera Dama por el momento (ni de las mujeres en general) para casarme con un hombre. Así que tendré que seguir escuchando cosas como esa de que no le gustó mi texto a ella.

Tampoco es nada nuevo que este último mes, he tenido más trabajo, que un vocero del Vaticano; La buena noticia amado lector, es que ya se acerca a su fin, esa temporadita que me trajo a sol y a sombra.

Resulta que la semana anterior a esta estuve casi toda la semana en la ciudad de México y Pachuca. ¿Haciendo que? Pues trabajando ¿que creían?
Allá fui y vine sin contratiempos, a conocer a “La Bella Airosa” a la que mi abuelo Pancho Pistolas, siempre se refirió de la siguiente manera:
“Son cuatro cerros pelones/un aire de la chingada/un atajo de cabrones/y un arroyo de cagada”

Se que mi abuelo, nunca lo podremos ubicar en el mismo nivel que a Pablo Neruda o Amado Nervo; pero hay que reconocer, que su sabiduría era grande como práctica.

Con este hermoso poema en la mente, hice mi entrada triunfal a la capital del estado de Hidalgo, sólo para darme cuenta que Pancho Pistolas, estaba equivocado y me hizo vivir en la ignorancia todo este tiempo.

Hay que aclarar que no todo es mentira y que la parte del aire de la chingada es verídica. No me atrevería a nombrar a los pachuquenses como los nombra ese dicho, porque la verdad, no los conocí tan bien.

Pero lo que en realidad me desconcertó, es que nunca vi los cuatro cerros pelones ni el arroyo de tan dudosa reputación.
Por más que exploré desde donde me encontré, la rica orografía de la ciudad; nunca descubrí los cuatro cerros. Ahora hasta me cuestiono si mi abuelo realmente se refería a Pachuca.

Ahora lo que nos tiene en ascuas es que resulta que a la que tienen que operar es a la Generala. Sobre ese tema es del que te quiero contar y no me animo.
Hasta ahora es un tópico evadido por quien esto escribe, aún y enmascarado por la indescifrable identidad de Mcrow.

Por ahora baste decir que es una cirugía “sencilla”, por algo muy simple y que estoy seguro que se necesita mucho más que eso para debilitar a mí aguerrida esposa.

Ahondaremos…

sábado, 24 de abril de 2010

Mi Cumpleaños

Por si mis escasos, pero enjundiosos lectores no se dieron cuenta; estuve fuera del aire una semana completa. Esto no es verdad… en realidad fueron dos.
He de confesarte querido lector, que la entrada pasada de la llanta, fue escrita hace dos semanas, preparándome para lo que sabía vendría y el impedimento que tendría de poder escribir estas humildes aportaciones a la literatura universal.
O para que se entienda mejor y utilizando la jerga del mundo de la televisión: Era un programa grabado.

Por cierto… algún lector anónimo, me dejó un comentario aquí en mi virginal blog, corrigiéndome por el uso de la palabra llanta en vez de neumático, que en este caso sería lo correcto. Yo le agradezco a esta persona su aporte y más aún cuando la entrada pasada solamente tuvo 3 comentarios. Mi colega Gabriela Ines Maiorano, quien es la mujer más sabia de todo el cono sur, es infaltable a la hora de comentar y le agradezco mucho eso.

Creo que mi raiting está bajando por no poder leer y comentar otros blogs. Ni modo, en cuanto pueda regresar a ver sus blogs, seguiré haciéndolo y espero que vuelvan los habituales.
Al anónimo, además de mi agradecimiento, le diré que aún y cuando la palabra “correcta e inconfundible” [sic] es neumático; en México, que es donde este que escribe tiene su indiscutible origen; la palabra llanta, también es correcta e inconfundible para referirse a la cosa negra y redonda que hace que se pueda desplazar un vehículo.
Con esto queda zanjando el asunto de la llanta.

Otra cosa que habrán notado mis queridos lectores, es que después de anunciar con toda pompa, los festejos de mi cumpleaños número treinta y dos. No hubo entrada de los mismos. Eso se explica por el hecho de que no pude escribir y la entrada que leyeron la semana pasada se escribió hace dos. ¿Qué cosas no?

Así que con esta deuda a cuestas, les haré una síntesis de los hechos que tuvieron lugar un día antes y un día después del maravilloso y festivo diez de abril.

El viernes nueve de abril, llegaron con toda fastuosidad a esta ciudad de las Montañas, mis amigos los vacunos, desde la fea, pero cariñosa, ciudad de Celaya Guanajuato.

La Generala y yo que tratamos (pero casi nunca lo logramos) ser unos excelentes anfitriones, los recibimos, como sólo se les recibe a los buenos amigos. Con todo y las groserías de la Señora Vacuno, de que ella prefería quedarse trabajando hasta tarde a estar con nosotros, porque pues así es la gente muy ocupada y que viene de ciudades grandes.
A su atormentado marido, quisimos hacerlo feliz en su desdicha; así que lo llevamos a comer a un lugarcillo donde se preparan unos ricos cortes de carne. A mi amigo Vacuno, no le importó caer en el canibalismo y nos zampamos a todos sus congéneres en una sola sentada.

Ya por fin cuando la Sra. Vacuno, decidió salir de trabajar, pudimos entonces llevarla a conocer esta ciudad de las Montañas, que comparada con su ciudad natal, le debe de haber parecido un pinche pueblo polvoso. No importa… es lo que hay.

Al día siguiente comenzaron los festejos aquí en esta mansión que habitamos la Generala, su perruno acompañante y el de la voz… en compañía de mis padres, la Crayola, el Pelón, el Gordo Reformado y los Vacunos. Los conejos no vinieron porque estaban enconejados.

Después de una agradable tarde donde el Sr. Vacuno y el Gordo Reformado se pusieron muy contentos de tomar un licorcillo, que al segundo le hizo alucinar que volvía a pesar 250 kilos; nos alistamos para continuar la “festejación” en la terraza de un restaurant, donde continuamos comiendo, bebiendo y pasándola bien.

Me acompañaron personas a las que apreció mucho. Los conejos se desenconejaron y nos hicieron los honores. Y como era mi cumpleaños, me tomé con ayuda del Vacuno, una botellita de brandy, que me hizo entrar en un estado de profunda comunión espiritual con el universo y los que me rodeaban.

Así salimos a las dos de la mañana, regresamos a nuestro hogar, los vacunos se fueron al día siguiente, aunque intentamos convencerlos de que se quedaran a vivir aquí, no lo logramos. A ver si un día de estos. El domingo nos dedicamos a reponernos.
Esos fueron los imperiales festejos de mis treinta y dos años. Los pasé como lo pasan los hombres más ricos del mundo y eso es, rodeado de todas las personas a las que quiero y tengo la fortuna de tener compartir nuestras vidas.

No me imagino un mejor cumpleaños.

domingo, 11 de abril de 2010

La Llanta, la Llanta, la p... de la Llanta

Cuando el día de ayer me vestí inmaculadamente de blanco y me dirigí a ver al traumatólogo, que me consulta por el tema de la rodilla (para mayor referencia léase If you go to San Francisco), jamás me imaginé el día que me esperaba.

La ida con el galeno no la comentaré. Me dijo lo que siempre me dicen los doctores cuando voy a verlos: Que me tengo que operar.
¿Cómo quieren que uno vaya a ver a un doctor, si cada vez que voy, me quieren abrir como cabrito?

De ahí fui a ver a mi cabecita blanca en su nueva oficina. Por que la señora estaba “inge e inge” que tenía que irla a conocer.
Cualquiera que viera a mi mamá en su nueva oficina, pensaría que se trata de una nueva Hitler que se dispone a poner al mundo en vilo con una nueva invasión y guerra.

La oficina cuando entras tiene una pared enorme con un mapamundi igual de grande. Imagino que lo usará para trazar todas las estrategias militares necesarias para dominar al mundo. En su oficina te recibe con un enorme escritorio, con una silla altota, que hace que mi mamá se vea majestuosa como una estatua de Bernini.

Lo malo fue cuando venía de regreso para mi casita, a donde mi Emperatriz, había dado instrucciones precisas de que debía pasar por algo de comer y luego llegar.
Venía manejando y de repente ¡ZAZ! que se me poncha una llanta.

Puse en marcha mi pensamiento lógico-práctico y rápidamente trace la siguiente estrategia: Cambiar la llanta, ir a la vulcanizadota más cercana, arreglarla, volverla a poner y continuar con mi día. Que lejos estaba yo de llevar a cabo semejante plan.

Le hablo a mi consorte a su teléfono: Se me ponchó una llanta. No la cambies. ¿Por qué? Porque eres un inútil con las herramientas. ¿Que te pasa mujer? Soy más diestro que cualquier mecánico de taller. No… bueno… es que no quiero que te hinques. ¡Ah no pasa nada! Es que andas malito de tu rodillita mi amor, no quiero que te lastimes más.

¡Mentira podrida de la Generala! No me dejó hacerlo porque ella piensa (desconozco el porqué) que me es imposible, algo tan avanzado como cambiar una llanta. Sin embargo, obediente y dócil como soy, la dejé que se encargara del asunto.
Se fue a una vulcanizadota y a los diez minutos llegó con un señor todo sucio, deduje que por ejercer el difícil oficio de los mecánicos y rápidamente se puso a inflar la llanta, porque mi emperatriz decidió, que eso era lo único que hacía falta.

Ella tan tranquila cumplió su parte y se largó a comprar la comida anteriormente comisionada a este que escribe, para evitar que le sobreviniera ese mal humor, que invade a la dueña de mis quincenas cuando tiene hambre.

Apenas fui abandonado por mi esposa, cuando el masiosare que inflaba la llanta, se puso a quitarla rápidamente para poner la de refacción, esto después de ver que definitivamente, no iba a inflar. Montó la de refacción, cargué la llanta ponchada y mi outfit blanco empezó a verse de otro color, como más tirándole al negro.
Ya con la llanta de refacción nos dirigimos al taller para cambiarla.

En el camino le digo: Oiga señor… ¿creé usted que arreglen mi llanta rápido? ¡Híjole señor!... pues la verdad no se. ¿Cómo que no sabe? Pues es que yo solo me dedico a la recolección. ¿A la recolección de que buen hombre? ¿De llantas ponchadas? No… de basura. ¿De basura? Si… aquí en el municipio. ¿Y como caragios (le dije en italiano para que no sonara muy fuerte) llegó usted aquí? Es que a nuestro camión se le ponchó una llanta y nos la estaban arreglando en el taller, cuando llegó su esposa y dijo que necesitaba que alguien le fuera a echar aire a su llanta. Como el mecánico estaba muy ocupado, pues yo me ofrecí.
Y dicen que ya no hay gente buena en el mundo. El pobre basurero, tuvo que extender su rol, primero de recolector de basura a inflador de llantas y luego a cambiador de la misma.

En la vulcanizadora me dijeron: ¡Uy… esa llanta ya no tiene arreglo amigo! ¿Cómo que no tiene arreglo? Es que cuando se ponchan de la cara, ya no se pueden arreglar.
Me acordé de Irma Serrano y no pude más que darle la razón.
Como quiera fui a otra vulcanizadora donde me dijeron lo mismo.
Tendré que comprar otra llanta pensé. Pero la odisea apenas había comenzado.

Llegué a la casa en injerto de pantera y rápidamente convoqué a todo mi estado mayor para comenzar la titánica labor de buscar la llanta nueva.
Creo que entre la Generala y yo hicimos alrededor de treinta y siete llamadas (a Joey le dimos un teléfono también, pero mejor prefirió lamerse sus partes).

El resultado fue, que es que era más fácil tomarle una fotografía al monstruo de Loch Ness, a plena luz de día y perfectamente concluyente, que encontrar la maldita llanta.
Lo cual me puso de un humor peor contra las grandes corporaciones automotrices, por ser tan imbéciles, como para hacerle un solo tipo de llanta a cada modelo.
¿No sería más práctico para todos que hicieran solo unos cuantos modelos de llantas para todos sus vehículos, en lugar de jodernos la vida a los pobres consumidores?
¡Claro que no! No tendrían las pingües ganancias que tienen. Así que desde este humilde foro les mando una sonora mentada de madre.

Después de una ardua búsqueda por nosecuantos lugares, dimos con uno que tenía por lo menos la llanta de la medida, así que rápidamente la compré.
Así terminó la tragedia de la llanta y de no haber sido por que de ahí, nos fuimos a una agradable velada con la familia del Gordo Reformado, Lalo el Pecas y la Mandarina, me hubiese ido a dormir enojado.

Sin embargo pasamos un excelente rato con esta familia, que sabe como alegrar los corazones de propios y extraños, a pesar de las malditas corporaciones automotrices que algún día arderán en el infierno.

domingo, 4 de abril de 2010

¿Como quieres celebrarte MI cumpleaños?

Estoy muy contento por el hecho de mi inminente cumpleaños número treinta y dos.
También estoy muy contento porque Ricky Martín ya aceptó su homosexualidad.

Aunque yo no tengo nada contra los homosexuales, porque como dice mi mamá, cada quien hace de su culo un papalote y lo empina donde quiere; ¿Qué estaría pensando el buen Ricky? ¿Qué no lo sabíamos?, ¿Qué no se le notaba?
Pobre muchacho, nada más dio la noticia y se oyeron los grillitos cantando a lo lejos. Mientras el resto del mundo contemplábamos incrédulos, porque ya dábamos por hecho que a Don Ricky, los arrimones que se daba con los super biscochos que salen en sus videos, como que les faltaba, diría el Maestro Milanes: “Carne y deseo también”.

Pero yo no quería hablar de la sexualidad de Ricky Martín, a quien le deseo una vida plena y feliz, ahora que se dio cuenta que el closet sólo es para la ropa.

Yo estaba por compartir con ustedes, mis escasos (pero enjundiosos) lectores, el hecho de que el 10 de abril, ya está a la vuelta de la esquina, así que por favor preparen su cuota. Les recuerdo que este quien les escribe, es tan flexible con eso de los regalos, que los acepta un año antes y un año después.

Así las cosas, este año me dispongo a celebrarlo de manera importante, no como otros años que no tengo ganas de hacer nada. Este año me siento como el Emperador Tito y voy a tirar la casa por la ventana del Anfiteatro Flavio (Coliseo Romano para los nakos).

Como cada año, aprovecho para celebrarlo junto con la Crayola Pedagógica, quien cumple solo tres días después de mí. Así que para variar, como la remora que es, ya se pegó a mi “festejación”. No me importa. Puedo cobijar a ella y a otros más desamparados, porque como ya estipulé, será una celebración imperial, digna de todos los honores que su humilde servidor merece. Y también la Crayola.

Por lo tanto he anunciado a mi Emperatriz, el orden del día y la manera en la que deberá llevarse a cabo mi fiesta este año.
¿Ah… te quieres celebrar?, ¡Pues claro mujer!, Bueno es que no todos los años quieres. Pues este año si quiero. ¿Y como lo quieres celebrar? Pues fíjate mi amor, que se me ocurre hacerlo en algún bar, invitar a todos mis amigos del “faisbuk”, echarnos unos drinks, ponernos bien jarras y al día siguiente vomitar negro ¿Cómo ves “jani”? Yo no pienso vomitar negro. ¡Uy pues que aburrida! Lo que debes de hacer es mejor rentar una quinta. ¿Una quinta… esposa? ¡No seas baboso!... una Quinta, una casa de campo. ¿Y eso por que? Pues si… algún lugar que tenga alberca, llevamos unas mujeres oriundas de la sierra de Huautla, que echen unas tortillas recién hechecitas, un señor que cociné algún platillo exótico como una discada, te llevas tu traje de baño y tu llantita y nos metemos a nadar. Tengo una idea mejor: Llevar unas mujeres oriundas de la República Checa, un señor que nos sirva unas bebidas, que ellas lleven el traje de baño, se metan a nadar y yo las veo; tu te quedas en la casa y solo me llevo al Conejo y al Gordo Reformado. ¿Estás loco? ¡Tú empezaste mujer! ¿De donde caraxos sacaste la idea de tan autóctono festejo? Pues es que eso está mejor. Muy bien… entonces dime por favor: ¿Cómo te gustaría celebrar mi cumpleaños? No pues es tu cumpleaños. ¡Ah verdad!

Sin embargo eso no importó. Ya que decidí como sería la celebración. Mi Emperatriz puso manos a la obra para hacer la invitación a tan importante evento.
Me preguntó cual diseño me gustaba, escogí tres y de manera muy sospechosa, ninguna ganó.
Sigo sin entender para que me pregunta. Así que gran delegador como soy, ya le dejé esa tarea. Sólo espero que no vaya a querer poner de portada un cuadro de Diego Rivera.

Quiero aprovechar para darle las gracias a todos los que siguen este virginal blog, por sus palabras respecto a la triste partida de la Mandarina quien seguramente, se dará un tiempito para ir a mi fiesta. Será más que bienvenida.

Noticia de último minuto: A mis amigos los Vacunos que como ya se sabe, radican en la capital mundial de la cajeta; ya les llegó el rumor del tamaño de la fiestota y se aprestan a embestir esta Ciudad de las Montañas, para venir a celebrar conmigo este onomástico. Claro… también el de la Crayola.

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