sábado, 27 de febrero de 2010

Furia Volcánica


La ira ha carcomido mi ser los últimos días. Creo que empiezo a ser presa de un ataque hormonal por todos los frentes.
Tengo que tranquilizarme, porque si no, algo pasará.

Tenía previsto pasar un par de días de trabajo en Mérida y después un par más de vacaciones, ahí mismo, con mi adorada mujer. Sin embargo, no contábamos con la astucia del vuelo Mérida – Monterrey, que así nada más, se agotó. Obvio es decir que lo hizo, antes de que compráramos el boleto de aquella.
Así, se quedó bailando y no vendrá conmigo; entonces ¿para que he de quedarme allá?
Tendría que recurrir al escabroso tema de las novias imaginarias; comentado en la entrada pasada de este blog.

La verdad es que yo ya conozco esas apacibles y amables tierras Yucatecas; mi intención, era que las conociera mi Morena de fuego, pero pues ya nos la pellizcamos.

Eso y otras muchas cosas que pasan, me tienen con un humor de perros estos días.

Así con todo y mi genio (hablo del humor), me levanto a las cinco y media de la mañana, me baño con un frío de perros, me visto, llega mi taxi, acaricio a la Generala y beso al Joey (¿o al revés?), llego al aeropuerto, despego en Monterrey, aterrizo en México, compro un café, me subo al vuelo que va a Mérida, me toca el último asiento, cuyo ocupante es el que tiene la función de destrabar el carrito de las bebidas llegado el caso. El vuelo va vacío, la sobrecargo me sonríe y me dice que me mueva si quiero. Como sí quiero, me cambio a un lugar sin responsabilidades. Despegamos otra vez. Mientras nos vamos alejando del suelo, puedo admirar con cuidado, lo que alguna vez fue la Gran Tenochtitlán. Allá a lo lejos, los volcanes más famosos de México: El Popocatepetl y el Iztaccihuatl.
Mi ira desaparece de manera casi instantánea y soy transportado a otro tiempo.

Un tiempo hace muchos años, en el que tenía la grandísima ilusión de conocerlos. Yo debo haber tenido siete u ocho años y allá fuimos mis papás, mi hermana, mi abuelo “Pancho Pistolas” y mi tía la Bióloga.
Subimos hasta el Popo y nunca pudimos verlo. Yo preguntaba que donde estaba el volcán y a pesar de los esfuerzos de todos por hacerme entender que estábamos arriba de él, yo no les creía. ¿Cómo era posible estar encima de un enorme volcán y no poder verlo? La neblina era espesa y hacía un frío de perros en el refugio alpino de Tlamacas.

Bajé desconsolado por no poderlos ver, fuimos a comer a un restaurante en la carretera y cuando salimos, ahí estábamos a los pies de los dos volcanes.
Eso fue hace más de veinte años y todavía recuerdo ese profundo sentimiento de haber encontrado algo que faltaba. Desde entonces, el Popo y el Izta, han ejercido sobre este que escribe, una mística atracción que va más allá de mi entendimiento. Para mi son como dos amorosos padres en la lejanía de un valle, que cuidan a sus hijos. Ellos dicen y yo callo y obedezco. Me subordino incuestionablemente a sus encantos y escucho con atención lo que me tienen que decir.
Todo va a estar bien -dicen los volcanes-.

No me lo dicen así con palabras. Solo lo siento dentro de mí, ellos lo inspiran, ellos lo saben, ellos lo hablan.

Después de un rato en el avión y más allá, puedo ver otro volcán, el Citlaltepetl, del que me hablaban mis abuelos. Ese es su verdadero nombre, aunque la gente lo conozca mejor como: El Pico de Orizaba. Es la primera vez que lo veo en mi vida, pero también se comunica conmigo; mi abuelo me habla a través de él y recuerdo de golpe muchas cosas. Todas ellas buenas, todas ellas nostálgicas.

Cuando llega el momento de aterrizar en la blanca Mérida, lo hacemos en medio de una espesa capa de nubes. En Mérida llueve.
Para los habitantes de esta hermosa ciudad, hace mucho frío. Hay dieciocho grados.
Los Emeritenses, llevan suéter, algunos de ellos abrigo y otros más friolentos… tuvieron una ardua batalla con la polilla de su armario, para sacar su empolvada bufanda, que usan sólo dos o tres días al año. Yo… estoy comodísimo y en camiseta con ese clima.
Mi mal humor se encuentra en franca recuperación.

Con una buena cena yucateca, mi mal humor desaparecerá por completo y podré ir a dormir, para tener sueños llenos de lava.

Les dejo una fotografía que tomé desde el avión a los volcanes. Mi buen amigo
Varo, estará feliz de que haya puesto una en mi blog. No te acostumbres.
También les dejo un video que cuenta la leyenda de estos dos volcanes de México.


domingo, 21 de febrero de 2010

Fantasías y Extorsiones

Voy a tratar de terminar esta entrada, antes de que mi amada consorte termine de arreglarse.
Eso no tiene ningún mérito, ya que en ese tiempo sería posible que estudiara una maestría y hasta me doctorara en algún tema así como: Estudios avanzados Teóricos de la Psique Femenina durante el Porfiriato.

Sin embargo, puedo decirte amado lector, que es justo la manera en la que puedo definir mi caótica semana. Tengo (a Díos gracias…) tanto trabajo estos días, como una bailarina exótica en quincena.
No veo necesidad de aclarar, que a lo que yo me dedico, no es precisamente a eso de los bailes exóticos, donde seguramente tendría poco éxito y pasaría sin pena ni gloria, pero eso sí, con muchas risas.

La Generala ahora ha vuelto a trabajar a marchas forzadas, un tema por demás triste para mí; ya que su trabajo se encarga de privarme de su anhelada presencia los fines de semana, que es cuando más necesito de sus besos y caricias. Cuando por fin la tengo conmigo, está la pobre mujer, como chicle pisado y no quiere saber de nada ni de nadie.

Ni modo… buscaré una novia para los fines de semana. Preferentemente imaginaria, para evitar todo el lío moral y legal.
Estoy pensando en primera instancia en Mónica Bellucci. Siempre ha sido la reina de mis fantasías. Me imaginaré en estos solitarios fines de semana, caminando juntos, ella viendo hacia el piso, como casi siempre camina y yo, viéndola con cara de baboso, admirando su etérea belleza.
Andaremos por las calles de París, ciudad que es la princesa de mis fantasías, porque es ahí donde vive la exuberante Mónica, en compañía del imbécil de su marido que por cierto, es más feo que un carro por abajo.
París para mí, ya dejó de ser una fantasía. He tenido la oportunidad de caminar sus calles y comer en sus bistró. Es la ciudad más bonita del mundo y fin de la discusión.
¿Por qué nunca he escrito una entrada de la Ciudad Luz? No lo sé. Habrá que hacerlo alguna vez.

Basta ya de quejas por mi soltería. Ahora les voy a contar de la llamada extorsiva que recibimos esta semana en nuestra casa.

Resulta que el martes se encontraba en esta mansión, nuestra Vicepresidenta de Servicio Doméstico, Lavandería, Similares y Conexos, llevando a cabo las labores propias de su puesto; cuando de pronto, recibió una agresiva llamada, donde le exigían que depositara cierta cantidad a un número de teléfono y que de no hacerlo vendrían hasta aquí a “madrearla” [sic]

La “Despeinada” se asustó horrores, así que les dijo a los criminales, que ella no vivía aquí, que ella solo hacía la limpieza, que no sabía nada y que por favor no la mataran, porque ella aún no encontraba el verdadero amor.
Los criminales, hábiles por instinto, le dijeron que entonces buscara alguna cosa de valor en este hogar y lo sacara a la calle para que ellos pasaran a recogerlo.
¿Qué les parece? Ahora los robos son a domicilio y antes de treinta minutos como las pizzas.
Además, si tan solo supieran que lo único que tengo de valor aquí, es el sacacorchos que me regaló mi mamá, no se afanarían tanto.

Afortunadamente, a la Despeinada se le prendió el foco y les colgó. Llamó de inmediato a su patrona (y la mía…), para darle el reporte entre lágrimas y una crisis nerviosa, que imagino provocó que se le erizara aún más su indomable cabellera.

La Generala convocó “ipso facto” a todo su estado mayor y pa’ pronto arribó aquí la guardia municipal.
Después de algunos momentos, la despeinada se calmó (pero nunca se peinó) y tomamos la decisión, de levantar la denuncia con nuestras autoridades; que es algo tan inútil como comer sopa con tenedor.

Así operan esas bandas señora- le dijo el procurador a mí “oder haf”- buscan en las páginas blancas, marcan al azar un teléfono y si se asusta el que contesta, buscan la dirección y van, o esperan que les depositen saldo en sus teléfonos. A veces hasta operan desde la cárcel.

¡Ay Díos mío… que país!

Al teléfono que dejaron, yo ya les marqué; me contestaron y les dije: ¡Ya les deposité… por favor no me hagan nada! Muy bien ¿A dónde depositó? ¡A este número! Más te valía. ¿Quiere saber cuanto les deposité señor extorsionador?, ¿Cuánto?, Les deposité aproximadamente tres mil kilos de caca hijos de su reputísima madre… ahí los dejo para que se la coman.

Este último párrafo no ocurrió, sólo en mi imaginación. No me dejaron hacerlo pero, supongo que si puedo fantasear de caminar por las calles de París con Mónica Bellucci, también puedo fantasear con insultar a un criminal.

Por lo pronto, la próxima semana estaré caminando por las calles de Mérida, con mi Malinche. Voy y vengo. Ahí les encargo el changarro y ya saben: Si tocan no le abran a nadie, en la noche ponen la tranca y ahora si suena el teléfono, no contesten.

domingo, 14 de febrero de 2010

El Clásico Amor

El día del amor y la amistad tiene múltiples maneras de ser definido.
A aquellos que les da por creer de si mismos que son librepensadores, comúnmente gustan de decir que es un día inventado por la mercadotecnia, para aumentar la venta de flores, peluches, regalos y otras cursilerías.
Hay otros a los que les gusta pensar que en este día, tienen la obligación de darse regalos, llevarse a comer a algún lugar especial y estar acarameladitos toda la “festejación”.
Yo coincido parcialmente con ambas definiciones.

Creo que en un mundo en el que hoy nos llegan los guamazos de todos lados; calentamiento global, políticos estúpidos gobernando en casi todos los países del orbe, los niños de Haití y de muchos lugares que ya no tienen esperanza, así como el tamaño que ha alcanzado la impunidad y el crimen en lugares anteriormente felices e idílicos, como mi México adorado. Un día para celebrar el amor y la amistad, me parece que siempre debe ser bienvenido.

Para mi este es un día para reflexionar y decirles a todos aquellos que nos rodean lo importantes que son y que no importa que al mundo se lo esté llevando patas de hilo, ya que mientras nos tengamos los unos a los otros, este lugar seguirá siendo habitable.

Creo que un buen ejemplo de eso es lo que hoy vivimos en Monterrey que es el denominado “Clásico”.
En esta Ciudad de las Montañas, pocos acontecimientos son tan importantes como el enfrentamiento futbolístico entre las dos escuadras de la ciudad: los Tigres y los Rayados.
Para los que son de otros países, baste decir, que es como un Real Madrid contra el Atlético de la misma ciudad, pero en proporciones infinitamente más pequeñas.

Los dos equipos de futbol de esta ciudad, usualmente se han caracterizado por ser más malos que cenar sandía. Con la salvedad del torneo pasado, que los Rayados quedaron campeones por cuestiones esotéricas de las que no hablaré aquí.
Casi siempre el éxito o fracaso en los torneos de estas dos escuadras, se basa en ganar solo este partido, donde se juegan algo más que la honra.
Es un partido con tal mística, que semanas antes de que este se juegue, normalmente la ciudad comienza a dividirse paulatinamente, hasta quedar solo dos frentes cara a cara, que se dispondrán a gritarse lo que sea el día del juego.

A mi la verdad su resultado deportivo me tiene sin cuidado, salvo el hecho de que gane quien gane, tendré que escuchar a los de un bando o a los del otro, burlarse del perdedor durante toda la semana.

Pero ya se me fueron las cabras al monte con todo y pastor; porque esta entrada se trata del Día del Amor y la Amistad y no de este partido que se celebra hoy también. Sin embargo viene a mi mente esto, porque hace unos momentos que iba yo a devolver unas películas a mi videoclub; encontrábame parado en un semáforo, disfrutando la Obertura 1812 de Tchaikovsky (estoy pasando por un periodo clásico) que es para mi como una multieyaculación; cuando vi a dos amigos que se dirigían a algún lado (presumo que a ver el clásico), uno enfundado en su playera de Tigres y otro en su playera de Rayados. Pronto vino a mi mente lo común que es esa imagen en esta ciudad. Tan común como ver a una pareja de novios, uno con la playera de su equipo y otro con la playera de su acérrimo rival.
Eso para mi es la amistad.

Quiero enviarles desde aquí un pensamiento y caluroso abrazo en este día, a todos esos colegas que he llegado a conocer a través de este virginal blog. Sus palabras y sus letras, me hacen brincar de un estado de ánimo a otro como si yo fuera una pulguita. Sus letras, historias y opiniones han vuelto mi vida sabor tutti fruti.

A mis amigos los de siempre, ustedes saben quienes son, los abrazo con todo cariño, por hacer mi vida mejor todos los días. Pero sobretodo por aguantarme y estar juntos, a pesar de todo.

A mi mamá, mi papá y mi hermana “La Crayola Psicotrópica”, quienes son mis primeros (y últimos) amores de la vida, celebro su cariño este y todos los días.

A mi compañera desde hace casi quince años, este es un día más para ti y para mí. Sin embargo, gracias por llenar de amor todos mis días y no solo los catorce de febrero.

Esta es la entrada número cuarenta de La Hora de Mcrow y se las dedico a ustedes que me favorecen con su lectura y comentarios.

Feliz día a todos y ojala… gane el amor siempre.

jueves, 4 de febrero de 2010

Cavilaciones Aztecas

Esta semana ha sido un mosaico de colores.
Lo único que puedo decir es que el trabajo en esa importante compañía, que tiene el inigualable privilegio de tenerme entre su talento más codiciado, ha sido arduo y ha sido mucho.
Necesito urgentemente a un aprendiz, que venga a sustituir a la señorita Cometa; ella, se fue así sin más de mi vida y yo aún le lloro, como quien lo hace por un hijo que deja el nido. ¡Ay de mí!

Sin embargo, el fin de semana pasado, los Mexicas nos aventamos uno de nuestros famosos puentes por el día festivo del lunes, lo cual ha hecho esta semana más corta y llevadera. Dicho festejo nos permitió el fin de semana, encontrar un espacio en la apretada agenda de mi hermana, el Pelón y los Conejos; con quienes uno debe de hacer cita con tres meses de anticipación y mandar un oficio original y copia; para dedicárnoslo en una agradable ida al cine y ver la multipremiada “Avatar”.
Mi santa madre, fue la encargada de custodiar celosamente la integridad física y moral de la Conejita (quien es ya toda una señorita), para permitir a la tropa, avanzar sobre la sala de cine más cercana y sumergirnos en el mágico mundo de Pandora, en tercera dimensión.

Como parte de esta semana multicolor, tuve un viaje relámpago de trabajo, a la Gran Tenochtitlan, donde estuve desde el martes hasta el miércoles.

Sin entrar en detalles de mí ya tradicional y atropellado viaje a esta complicada urbe, habitada por más de veinte millones de masiosares, solo comentaré que tuve la dicha de ir a cenar al restaurante Villamaría, que es uno de mis favoritos de todos los lugares del mundo, en el que este quien les escribe, ha tenido el privilegio de comer.

Primero degusté una deliciosa sopa de flor de calabaza, que me transportó de inmediato a un paraje hermoso y verde, en el que caminé de la mano con Xochipilli y nos perseguimos el uno al otro, en un jugueteo cósmico-orgásmico-musical.
Después en un entre tiempo, comí una deliciosa (y grande) quesadilla de hongos, que me catapultó hasta Aztlán, donde luché grandes batallas codo a codo con Huitzilopochtli, enfundado en mi traje de guerrero jaguar.
Todo para cerrar con una pechuga de pollo rellena de cuitlacoche y queso, que me hizo hablar de manera fluida el náhuatl y sostener grandes cavilaciones místicas con Quetzalcoatl, acerca del destino de los hijos del quinto sol.

Después de este magnánimo festín, digno del señor que soy, regresé de nueva cuenta a esta tierra montañosa, donde tengo mi morada, al lado de mi Malinche personal y su Cancerbero tamaño miniatura.

Después para volver a mi sufrimiento, la innombrable compañía de Telcel, cortó sin “agua va”, mi servicio de teléfono celular; sin el cual yo no soy más que un hombre como cualquiera.

Rápidamente, tomé el teléfono y llame al servicio de atención a clientes, que es algo así como el Seguro Social, para reclamar por el corte de mi servicio, a pesar de mi puntual pago.
Me contestó un amable masiosare, con el que tuve la siguiente conversación:

Quiero saber porqué me han cortado mi servicio de teléfono, si yo ya les pagué este mes como todos los meses que he estado con ustedes. Correcto señor… ¿me da sus datos por favor? - Se los doy- Un momento por favor- Música de fondo que casi me hace devolver el cuitlacoche- Ya estoy de regreso señor, lo que pasa es que usted no pagó la totalidad de su servicio. ¿Cómo que no pagué la totalidad de mi servicio cerdo imperialista esclavo de una gran corporación? –Eso no se lo dije, pero sí lo pensé- Si señor… usted pagó “X” cantidad por su servicio. Pagué la cantidad que ustedes me dijeron, cuando les tuve que llamar para preguntar cuanto les debía, porque ni siquiera tuvieron la delicadeza de mandarme mi recibo. Sí señor… tenemos registrada su llamada, pero usted pagó la cantidad mencionada faltándole treinta y seis centavos del total. ¿Estás jugando verdad? No señor… si usted no paga la cantidad total, nuestro sistema automáticamente tiene la instrucción de cortar su servicio. ¿Y entonces que tengo que hacer ahora? Bueno señor… pues debe hacer el pago de los treinta y seis centavos de adeudo. Mira hijo, tengo una idea, ¿Qué te parece si tu me cargas la fabulosa cantidad de treinta y seis centavos, a mi estado de cuenta del próximo mes, yo te lo pago todo junto, me reactivas mi servicio ahora y tan amigos como siempre? No se puede señor. ¿Cómo que no se puede? Es imposible señor. Mira yo me doy cuenta por tu voz que además de guapo, eres sumamente inteligente… ¿Por qué no haces lo posible por ayudarme y seguro te las arreglarás? Haré lo que pueda señor ¿me espera en la línea? Te espero aquí sentadito- música vomitiva- Señor… tengo el placer de anunciarle que después de profundas tribulaciones, he conseguido reactivarle su línea. ¡Eres tremendo muchacho! ¿Algo más en lo que le pueda ayudar? Ya me has ayudado bastante; prometo solemnemente, pagar los treinta y seis centavos pendientes el próximo mes sin falta; si así no lo hiciere, que Telcel me lo demande. – Se rió el tipo de mi cierre presidencial y colgamos.

Gracias a esta intervención divina de Quetzalcoatl… ya tengo servicio de teléfono otra vez. Si tienen mi número… llámenme. Si no… con que comenten en esta entrada, me doy por bien servido.

jueves, 28 de enero de 2010

La Cruzada del Logotipo

El otro día escuché una frase que me dio mucha risa: “No puedes esperar la inspiración. Debes ir tras ella garrote en mano".
¿Qué aprendiz de escritor, no se sentirá fuertemente ligado a esta importante reflexión?

Así que aquí estoy, sin inspiración para escribir, pero persiguiéndola garrote en mano.
La verdad es que esta semana no ha sido la mejor del año. Personalmente creo que esta semana mucha gente cercana a mí, se está volviendo loca. Me da mucha lástima ser (¿o sentirme?), el último cuerdo de estos lares.
No hablaré de eso. Solo esperaré a que las aguas tomen su cauce natural, para que todos pronto, encuentren la cordura que los últimos días les ha negado.

Está también el hecho, de que mi rodilla me ha salido peor que una adolescente en celo. Tiene días que nos llevamos muy bien y días en que yo quiero cortarla de mi cuerpo y mandarla a freír espárragos por ahí.
Lo preocupante del caso, es que su hermana ya empezó a rebelarse también. Se queja de las condiciones de trabajo y de que ahora ella carga con el peso de las dos, además de mis 100 kilates.

Por si eso fuera poco… ayer cuando me quité la camisa para ponerme la pijama, me entró un aire colado en la espalda y ahora ando torcido. Razón por la cual, giro mi tórax como Robocop y no puedo voltear bien.
No cabe duda que soy un anciano, a punto de cumplir mis treinta y dos años. Diez de abril se acerca, prepare su cuota.

Así que entre las loqueras del resto del mundo, combinadas con los quejidos de mi apesadumbrado cuerpo, francamente ya estoy “up to the mother”.

El único consuelo que encuentro en este sufrimiento, es el hecho de que mañana es viernes, empieza el fin de semana y por si fuera poco, el lunes no se trabaja por el Día de la Constitución.
¿Qué es la Constitución? –Pregunta alguien que no sabe-
Es la norma fundamental, escrita o no, de un Estado soberano, establecida o aceptada para regirlo. – Contesta Wikipedia.

Es bueno saberlo, porque a veces parece que este país se rige por otro libro. No estoy seguro si el Malleus Maleficarum o Los Miserables.

Bueno ya se me fueron las cabras al monte. No hablemos de eso tampoco.

Si acaso lo más productivo que hemos hecho además del trabajo, ha sido la cruzada por el logotipo que hemos iniciado la Generala y yo.
Esta heroica cruzada, trata sobre modificar el logotipo de La Hora de Mcrow; mismo que como ya narré en alguna ocasión, diseñé hace unos diez años y hasta hace poco vio la luz del día.
A mi Domadora no le gusta, a mi hermana tampoco… ¡ahora resulta que a nadie le gusta! Pobres… no saben reconocer el arte cuando lo ven. Les podría caer la Gioconda en la cabeza y no la reconocerían. ¿Que se le va a hacer?

Así nos pusimos a la tarea de diseñar el nuevo logotipo de este virginal blog. La verdad es que hicimos varias opciones muy interesantes, que fueron rápidamente acribilladas por mis amigos. Los pusimos a votar por el que más les gustara y así lo hicieron. Reportándose en los comicios solo dos abstenciones. Mi hermanita y el Güero. ¡¿Quien si no?!

Este par de imberbes aletargados, rebuznaron sonoramente que ninguna de las propuestas les gustaba. ¡Anda y que les den! Nos la pasamos todo el domingo haciendo logotipos para esto.

Ya hablando en serio, el Güero dio varios puntos de vista muy interesantes que en este momento, están siendo revisados y valorados por la comisión encargada de la construcción del nuevo logotipo, para su adecuación e incorporación inmediata.
Pero yo solo soy un hombre con pocos y casi nulos dotes artísticos para esto del diseño; así que estoy tentado a correr cual damisela en peligro, a pedir ayuda a mi cuate “El Ojitos de Regalo”, quien tiene el don del dibujo, para que por módicos veinticinco pesotes, me haga el nuevo logotipo de La Hora de Mcrow.

Lo malo es que “El Ojitos de Regalo”, tiene en este momento otras cosas más importantes que atender, como a su esposa y a su beba que ya viene en cualquier momento. Así que mi logotipo seguramente le vendrá valiendo aproximadamente, unos tres kilos de caca.

Sin embargo me dijo un pajarillo, que su convaleciente esposa, es asidua lectora de este blog; así que niña de las montañas… te pido formalmente que por favor pongas al inútil de tu marido “El Ojitos de Regalo”, a trabajar inmediatamente en la manufactura del logotipo de este virginal blog, mismo que deberá cambiar de imagen pronto, so pena de quedar en el olvido de sus escasos lectores.

Se que desde la dulce espera de tu aguerrida Victoria, intercederás por este pobre y desahuciado bloggero, que no sabe hacer un logotipo ni con los monitos del clip art. Quiera Dios.

miércoles, 20 de enero de 2010

Terror en el Super

Hoy desperté muy asustado antes de que sonara el inútil radio-reloj, por culpa de una pesadilla muy fea que me asustó mucho. Después me levanté y prendí las noticias; vi a los niños de Haití y lo mal que lo están pasando y me asusté más.
De eso no hablaré ahora porque me parte el corazón. Sirva decir que ya doné un poco para aquellos que como dijo mi columnista favorito: “Son pobres entre los pobres”.

El sueño que tanto me turbó y que hizo que me despertara sin ánimos de seguir durmiendo, ahora que lo pienso fue bastante bobo.

En este sueño me encontraba en el supermercado con mi tajante esposa, cuando de pronto me percataba que nos empezaba a seguir una mujer a la cual la vida (¿o mi subconsciente?) le había negado la belleza.
Me miraba con muy mala cara y cuando yo la miraba a ella; me hacía una mueca muy fea y levantaba las palmas de sus manos viendo hacia arriba como diciendo: ¡¿Que?!- en franco plan de bronca.

Lo que me asustó, es que cuando apartaba la vista y volteaba de nuevo a verla, la mujer se transfiguraba en una viejita con un vestido azul de esos de abuelita de los años ciencuenta. Su piel también azulada y una horrible lengua color azul marino como de perro chow chow.
En resumen… toda ella era azul.

Yo seguía caminando con la jefa en franca calma (?), mientras la viejita mataba a un niño que iba pasando. Yo me asustaba y le decía disimuladamente en un murmullo a mi compañera: Apúrate mi amor -a lo que ella respondía- Espérame, todavía tengo que llevar pan, tortillas y unos aguacates.

Yo solo pensaba en el sueño: ¡Me lleva la fregada! Nos va a tragar esa pinche vieja y a esta le importan más sus aguacates.

Volteaba de nuevo y era la otra mujer- la que era fea, pero no tan fea como la viejita chow chow- me le quedaba viendo y volteaba para echarme la bronca.
Le decía a mi esposita apretando los dientes: Ya vámonos mi amor. La interpelada me contestaba: ¡Espérate hombre, que todavía no acabamos!
Volteaba de nuevo y ahí estaba otra vez la viejita sacando la lengua azul, siguiéndonos y viendo que se comía a su paso.

Yo solo pensaba: ¡Carajo!... vamos a acabar antes si esta no se apura.

Por alguna extraña razón, a mi no me entraba ese espíritu heroico que tengo en mis sueños. En otro sueño hubiese tomado el primer pepino que encontrara en el departamento de frutas y verduras, me hubiese lanzado sobre la vieja “lenguazul” y se la hubiera cercenado de un tajo con la letal y onírica hortaliza.

Sin embargo allí estaba con mi cara de sope por un lado viendo a la viejita seguirnos, ora de vieja fea, ora de viejita “lenguazul”, mientras mi esposita escogía unas manzanas.

Desperté asustado y abracé a mi compañera de cama; alegrado porque fuera un sueño, pero con el insuficiente valor para bajar en medio de la penumbra a servirme mi cereal matutino. Bajé prendiendo todas las luces y haciendo ruido para espantar a cualquier malévolo zombie que se escondiera en la oscuridad presto a devorarme.
¡A mis treinta y casi dos años con estas babosadas!

A lo largo del día me dio risa el incidente pero me acordé que cuando tenía como catorce años, algunas veces me despertaba y veía entre las sombras de mi cuarto, a un señor de verde parado junto a mi cama usando un sombrero de bombín. No me daba miedo, pero pasó algunas veces. Espero que haya sido un sueño y no un militar que se perdió.
Ahora no puedo evitar preguntarme si el señor de verde y la viejita de la lengua azul estarán emparentados. Espero que no. No quiero volver a ver a esa señora en ningún sueño.
Monica Bellucci, si. Halle Berry, si. Charlize Theron, si.
La viejita de azul con la lengua perfectamente combinada… no.

Aprovecho el espacio de este virginal y desmañanado blog, para felicitar a la autora de mis días por su pasado cumpleaños.
Te deseo gorda que tengas muchos cumpleaños más. Te deseo que ilumines mi camino y el de todos los que te queremos por mucho tiempo. Te deseo que nunca se te ponga la lengua azul y persigas gente en el súper. Te quiero mucho y este texto (¿de terror?) es para ti en su totalidad.

A mi mamá le hicimos su comida de cumpleaños; además vino mi tía favorita y la pasamos muy bien. De eso ya no hablaré porque como dicen en la tele “el tiempo se nos ha venido encima”.

Además ya me voy a dormir y antes debo calentar un poco, porque si ahora vuelve a salir la viejita, me cae que si correré, aunque deje a la generala en el pasillo de los congelados.

sábado, 16 de enero de 2010

Luto Tortuguesco

En el año de mil novecientos noventa, mi familia y yo nos mudamos de regreso a la ciudad de Monterrey. Habíamos vivido seis años en Guadalajara y regresamos a esta ciudad de las montañas con la inevitable nostalgia de una mudanza.Llegamos iniciando el verano y las vacaciones sin amigos y listos para morirnos de aburrimiento hasta que empezara la escuela.
En aquel verano se estrenó la (hoy me doy cuenta) malísima película de “Las Tortugas Ninja”, misma que acudí a ver con mi papá a un cine que hoy ya ni existe.
En aquel entonces quedé fascinado por esos personajes; por lo que como buen niño/puberto, el siguiente paso lógico fue el de hacerme de cuatro tortugas como mascotas.Fui a una tienda de animales y compré a las tortuguitas que entonces eran chiquitas chiquitas.Mi papá que siempre ha tenido alma de niño, no tardó en subirse a ese carrito y compró pecera, arena, piedras, filtro y todas las cosas necesarias para alojar a los cuatro reptiles en la casa, con el infaltable grito en el cielo de mi mamá.
Así estuvieron las cuatro en la casa durante algunos años. Primero en su pecera que conforme fueron creciendo se volvió insuficiente y hubo que comprar una más grande.Nos mudamos de nuevo a otra casa en Monterrey y las tortugas nos acompañaron hasta ella. Luego me fui a vivir a otra ciudad, me casé y las tortugas fueron heredadas a mi papá que tanto las quería.
En este punto estoy empezando a ser sarcástico; la verdad es que mi papá ya no las quería nadita. Así que los tres años y medio que estuve fuera de Monterrey, cada vez que hablaba con el o regresaba de visita, venía el infaltable reclamo por las non-gratas tortugas.
¿Te vas a llevar a tus tortugas? No. ¿Por qué no? ¿Como me las voy a llevar en el carro ocho horas? se van a morir. Ya estará de Díos – decía mi simpático papá- ¿Cómo que ya estará de Díos… que te pasa? ¡Esas tortugas son una reliquia familiar! Sí… son una reliquia familiar que estoy a punto de ir a tirar en el primer charco que encuentre. ¡Pues no me las llevo! ¡Pues sí te las llevas! ¡Que no! ¡Las voy a regalar! No te atreves. Ya verás que sí.El tiempo me dio la razón y nunca las regaló. Mi papá es chacharero y nunca se deshace de nada. Es capaz de guardar una servilleta de un restaurante donde comió en mil novecientos sesenta y tres y no tirarla por nada del mundo. ¿Cómo se iba a desentender de los indefensos reptiles?
Desde luego cuando regresé a Monterrey, el primer reclamo fue: Ya regresaste… llévate a tus tortugas. La verdad es que yo hice que la virgen me hablaba, hasta un día en el cual noté que efectivamente sí las iba a ir a dejar a algún lado y entonces salte a defenderlas. Las eché en su alberquita, las subí a mi carro y las traje a la casa, ante la mirada cómplice de mi consorte; con la firme decisión de buscar un gran lugar para irlas a dejar y que vivieran felices para siempre, sin que ese lugar fuese necesariamente un charco cualquiera.
Olvidé mencionar que antes de que eso pasara, durante mi ausencia en Monterrey, una de las tortugas había fallecido por circunstancias todavía hoy en investigación, por lo que solo quedaban tres.
La verdad es que mi dulce esposa es un pan de Dios y tiene comprobada debilidad por los animales y nunca nos deshicimos de ellas. Eso si, no las agarra por que le da asquito; pero la verdad es que llegaron para quedarse.
Algunos meses después, una de ellas como diría Alberto Cortéz, “se bebió de golpe todas las estrellas, se quedó dormida y ya no despertó”.Le dí cristiana sepultura en mi parque de enfrente y solo quedaron dos.
Ayer por la tarde, un año después de que su hermano diera el último respiro; Donatello, la más grande de todas y que en mis años en la universidad se volviera muy famosa por una fantástica fotografía que le tomé para una tarea; también entregó el equipo y se fue al cielo de las tortugas, que más que cielo me imagino es un estanque muy grande.
Donatello nos deja a unos meses de cumplir sus veinte años. Su hermano Leonardo, es el último de ese tortuguesco clan y hoy nada tranquilamente en las frías aguas de su alberquita; frías por el frío y más frías por su soledad.
A Leonardo no le importa. Las tortugas son seres solitarios y entienden perfectamente el ciclo de la vida; saben muy bien que uno nace, crece, a veces se reproduce y luego muere.
Yo que no soy más que un hombre, no puedo evitar sentirme triste por su partida; porqué hace sentir a mi infancia como un lejano recuerdo del que no quiero soltarme.Leonardo se queda conmigo porque se queda y adonde vayamos la Generala, Joey y yo, ahí irá Leonardo también. Por lo menos hasta que la vida decida quitarme ese último pedazo de mis años mozos.

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