sábado, 24 de abril de 2010

Mi Cumpleaños

Por si mis escasos, pero enjundiosos lectores no se dieron cuenta; estuve fuera del aire una semana completa. Esto no es verdad… en realidad fueron dos.
He de confesarte querido lector, que la entrada pasada de la llanta, fue escrita hace dos semanas, preparándome para lo que sabía vendría y el impedimento que tendría de poder escribir estas humildes aportaciones a la literatura universal.
O para que se entienda mejor y utilizando la jerga del mundo de la televisión: Era un programa grabado.

Por cierto… algún lector anónimo, me dejó un comentario aquí en mi virginal blog, corrigiéndome por el uso de la palabra llanta en vez de neumático, que en este caso sería lo correcto. Yo le agradezco a esta persona su aporte y más aún cuando la entrada pasada solamente tuvo 3 comentarios. Mi colega Gabriela Ines Maiorano, quien es la mujer más sabia de todo el cono sur, es infaltable a la hora de comentar y le agradezco mucho eso.

Creo que mi raiting está bajando por no poder leer y comentar otros blogs. Ni modo, en cuanto pueda regresar a ver sus blogs, seguiré haciéndolo y espero que vuelvan los habituales.
Al anónimo, además de mi agradecimiento, le diré que aún y cuando la palabra “correcta e inconfundible” [sic] es neumático; en México, que es donde este que escribe tiene su indiscutible origen; la palabra llanta, también es correcta e inconfundible para referirse a la cosa negra y redonda que hace que se pueda desplazar un vehículo.
Con esto queda zanjando el asunto de la llanta.

Otra cosa que habrán notado mis queridos lectores, es que después de anunciar con toda pompa, los festejos de mi cumpleaños número treinta y dos. No hubo entrada de los mismos. Eso se explica por el hecho de que no pude escribir y la entrada que leyeron la semana pasada se escribió hace dos. ¿Qué cosas no?

Así que con esta deuda a cuestas, les haré una síntesis de los hechos que tuvieron lugar un día antes y un día después del maravilloso y festivo diez de abril.

El viernes nueve de abril, llegaron con toda fastuosidad a esta ciudad de las Montañas, mis amigos los vacunos, desde la fea, pero cariñosa, ciudad de Celaya Guanajuato.

La Generala y yo que tratamos (pero casi nunca lo logramos) ser unos excelentes anfitriones, los recibimos, como sólo se les recibe a los buenos amigos. Con todo y las groserías de la Señora Vacuno, de que ella prefería quedarse trabajando hasta tarde a estar con nosotros, porque pues así es la gente muy ocupada y que viene de ciudades grandes.
A su atormentado marido, quisimos hacerlo feliz en su desdicha; así que lo llevamos a comer a un lugarcillo donde se preparan unos ricos cortes de carne. A mi amigo Vacuno, no le importó caer en el canibalismo y nos zampamos a todos sus congéneres en una sola sentada.

Ya por fin cuando la Sra. Vacuno, decidió salir de trabajar, pudimos entonces llevarla a conocer esta ciudad de las Montañas, que comparada con su ciudad natal, le debe de haber parecido un pinche pueblo polvoso. No importa… es lo que hay.

Al día siguiente comenzaron los festejos aquí en esta mansión que habitamos la Generala, su perruno acompañante y el de la voz… en compañía de mis padres, la Crayola, el Pelón, el Gordo Reformado y los Vacunos. Los conejos no vinieron porque estaban enconejados.

Después de una agradable tarde donde el Sr. Vacuno y el Gordo Reformado se pusieron muy contentos de tomar un licorcillo, que al segundo le hizo alucinar que volvía a pesar 250 kilos; nos alistamos para continuar la “festejación” en la terraza de un restaurant, donde continuamos comiendo, bebiendo y pasándola bien.

Me acompañaron personas a las que apreció mucho. Los conejos se desenconejaron y nos hicieron los honores. Y como era mi cumpleaños, me tomé con ayuda del Vacuno, una botellita de brandy, que me hizo entrar en un estado de profunda comunión espiritual con el universo y los que me rodeaban.

Así salimos a las dos de la mañana, regresamos a nuestro hogar, los vacunos se fueron al día siguiente, aunque intentamos convencerlos de que se quedaran a vivir aquí, no lo logramos. A ver si un día de estos. El domingo nos dedicamos a reponernos.
Esos fueron los imperiales festejos de mis treinta y dos años. Los pasé como lo pasan los hombres más ricos del mundo y eso es, rodeado de todas las personas a las que quiero y tengo la fortuna de tener compartir nuestras vidas.

No me imagino un mejor cumpleaños.

domingo, 11 de abril de 2010

La Llanta, la Llanta, la p... de la Llanta

Cuando el día de ayer me vestí inmaculadamente de blanco y me dirigí a ver al traumatólogo, que me consulta por el tema de la rodilla (para mayor referencia léase If you go to San Francisco), jamás me imaginé el día que me esperaba.

La ida con el galeno no la comentaré. Me dijo lo que siempre me dicen los doctores cuando voy a verlos: Que me tengo que operar.
¿Cómo quieren que uno vaya a ver a un doctor, si cada vez que voy, me quieren abrir como cabrito?

De ahí fui a ver a mi cabecita blanca en su nueva oficina. Por que la señora estaba “inge e inge” que tenía que irla a conocer.
Cualquiera que viera a mi mamá en su nueva oficina, pensaría que se trata de una nueva Hitler que se dispone a poner al mundo en vilo con una nueva invasión y guerra.

La oficina cuando entras tiene una pared enorme con un mapamundi igual de grande. Imagino que lo usará para trazar todas las estrategias militares necesarias para dominar al mundo. En su oficina te recibe con un enorme escritorio, con una silla altota, que hace que mi mamá se vea majestuosa como una estatua de Bernini.

Lo malo fue cuando venía de regreso para mi casita, a donde mi Emperatriz, había dado instrucciones precisas de que debía pasar por algo de comer y luego llegar.
Venía manejando y de repente ¡ZAZ! que se me poncha una llanta.

Puse en marcha mi pensamiento lógico-práctico y rápidamente trace la siguiente estrategia: Cambiar la llanta, ir a la vulcanizadota más cercana, arreglarla, volverla a poner y continuar con mi día. Que lejos estaba yo de llevar a cabo semejante plan.

Le hablo a mi consorte a su teléfono: Se me ponchó una llanta. No la cambies. ¿Por qué? Porque eres un inútil con las herramientas. ¿Que te pasa mujer? Soy más diestro que cualquier mecánico de taller. No… bueno… es que no quiero que te hinques. ¡Ah no pasa nada! Es que andas malito de tu rodillita mi amor, no quiero que te lastimes más.

¡Mentira podrida de la Generala! No me dejó hacerlo porque ella piensa (desconozco el porqué) que me es imposible, algo tan avanzado como cambiar una llanta. Sin embargo, obediente y dócil como soy, la dejé que se encargara del asunto.
Se fue a una vulcanizadota y a los diez minutos llegó con un señor todo sucio, deduje que por ejercer el difícil oficio de los mecánicos y rápidamente se puso a inflar la llanta, porque mi emperatriz decidió, que eso era lo único que hacía falta.

Ella tan tranquila cumplió su parte y se largó a comprar la comida anteriormente comisionada a este que escribe, para evitar que le sobreviniera ese mal humor, que invade a la dueña de mis quincenas cuando tiene hambre.

Apenas fui abandonado por mi esposa, cuando el masiosare que inflaba la llanta, se puso a quitarla rápidamente para poner la de refacción, esto después de ver que definitivamente, no iba a inflar. Montó la de refacción, cargué la llanta ponchada y mi outfit blanco empezó a verse de otro color, como más tirándole al negro.
Ya con la llanta de refacción nos dirigimos al taller para cambiarla.

En el camino le digo: Oiga señor… ¿creé usted que arreglen mi llanta rápido? ¡Híjole señor!... pues la verdad no se. ¿Cómo que no sabe? Pues es que yo solo me dedico a la recolección. ¿A la recolección de que buen hombre? ¿De llantas ponchadas? No… de basura. ¿De basura? Si… aquí en el municipio. ¿Y como caragios (le dije en italiano para que no sonara muy fuerte) llegó usted aquí? Es que a nuestro camión se le ponchó una llanta y nos la estaban arreglando en el taller, cuando llegó su esposa y dijo que necesitaba que alguien le fuera a echar aire a su llanta. Como el mecánico estaba muy ocupado, pues yo me ofrecí.
Y dicen que ya no hay gente buena en el mundo. El pobre basurero, tuvo que extender su rol, primero de recolector de basura a inflador de llantas y luego a cambiador de la misma.

En la vulcanizadora me dijeron: ¡Uy… esa llanta ya no tiene arreglo amigo! ¿Cómo que no tiene arreglo? Es que cuando se ponchan de la cara, ya no se pueden arreglar.
Me acordé de Irma Serrano y no pude más que darle la razón.
Como quiera fui a otra vulcanizadora donde me dijeron lo mismo.
Tendré que comprar otra llanta pensé. Pero la odisea apenas había comenzado.

Llegué a la casa en injerto de pantera y rápidamente convoqué a todo mi estado mayor para comenzar la titánica labor de buscar la llanta nueva.
Creo que entre la Generala y yo hicimos alrededor de treinta y siete llamadas (a Joey le dimos un teléfono también, pero mejor prefirió lamerse sus partes).

El resultado fue, que es que era más fácil tomarle una fotografía al monstruo de Loch Ness, a plena luz de día y perfectamente concluyente, que encontrar la maldita llanta.
Lo cual me puso de un humor peor contra las grandes corporaciones automotrices, por ser tan imbéciles, como para hacerle un solo tipo de llanta a cada modelo.
¿No sería más práctico para todos que hicieran solo unos cuantos modelos de llantas para todos sus vehículos, en lugar de jodernos la vida a los pobres consumidores?
¡Claro que no! No tendrían las pingües ganancias que tienen. Así que desde este humilde foro les mando una sonora mentada de madre.

Después de una ardua búsqueda por nosecuantos lugares, dimos con uno que tenía por lo menos la llanta de la medida, así que rápidamente la compré.
Así terminó la tragedia de la llanta y de no haber sido por que de ahí, nos fuimos a una agradable velada con la familia del Gordo Reformado, Lalo el Pecas y la Mandarina, me hubiese ido a dormir enojado.

Sin embargo pasamos un excelente rato con esta familia, que sabe como alegrar los corazones de propios y extraños, a pesar de las malditas corporaciones automotrices que algún día arderán en el infierno.

domingo, 4 de abril de 2010

¿Como quieres celebrarte MI cumpleaños?

Estoy muy contento por el hecho de mi inminente cumpleaños número treinta y dos.
También estoy muy contento porque Ricky Martín ya aceptó su homosexualidad.

Aunque yo no tengo nada contra los homosexuales, porque como dice mi mamá, cada quien hace de su culo un papalote y lo empina donde quiere; ¿Qué estaría pensando el buen Ricky? ¿Qué no lo sabíamos?, ¿Qué no se le notaba?
Pobre muchacho, nada más dio la noticia y se oyeron los grillitos cantando a lo lejos. Mientras el resto del mundo contemplábamos incrédulos, porque ya dábamos por hecho que a Don Ricky, los arrimones que se daba con los super biscochos que salen en sus videos, como que les faltaba, diría el Maestro Milanes: “Carne y deseo también”.

Pero yo no quería hablar de la sexualidad de Ricky Martín, a quien le deseo una vida plena y feliz, ahora que se dio cuenta que el closet sólo es para la ropa.

Yo estaba por compartir con ustedes, mis escasos (pero enjundiosos) lectores, el hecho de que el 10 de abril, ya está a la vuelta de la esquina, así que por favor preparen su cuota. Les recuerdo que este quien les escribe, es tan flexible con eso de los regalos, que los acepta un año antes y un año después.

Así las cosas, este año me dispongo a celebrarlo de manera importante, no como otros años que no tengo ganas de hacer nada. Este año me siento como el Emperador Tito y voy a tirar la casa por la ventana del Anfiteatro Flavio (Coliseo Romano para los nakos).

Como cada año, aprovecho para celebrarlo junto con la Crayola Pedagógica, quien cumple solo tres días después de mí. Así que para variar, como la remora que es, ya se pegó a mi “festejación”. No me importa. Puedo cobijar a ella y a otros más desamparados, porque como ya estipulé, será una celebración imperial, digna de todos los honores que su humilde servidor merece. Y también la Crayola.

Por lo tanto he anunciado a mi Emperatriz, el orden del día y la manera en la que deberá llevarse a cabo mi fiesta este año.
¿Ah… te quieres celebrar?, ¡Pues claro mujer!, Bueno es que no todos los años quieres. Pues este año si quiero. ¿Y como lo quieres celebrar? Pues fíjate mi amor, que se me ocurre hacerlo en algún bar, invitar a todos mis amigos del “faisbuk”, echarnos unos drinks, ponernos bien jarras y al día siguiente vomitar negro ¿Cómo ves “jani”? Yo no pienso vomitar negro. ¡Uy pues que aburrida! Lo que debes de hacer es mejor rentar una quinta. ¿Una quinta… esposa? ¡No seas baboso!... una Quinta, una casa de campo. ¿Y eso por que? Pues si… algún lugar que tenga alberca, llevamos unas mujeres oriundas de la sierra de Huautla, que echen unas tortillas recién hechecitas, un señor que cociné algún platillo exótico como una discada, te llevas tu traje de baño y tu llantita y nos metemos a nadar. Tengo una idea mejor: Llevar unas mujeres oriundas de la República Checa, un señor que nos sirva unas bebidas, que ellas lleven el traje de baño, se metan a nadar y yo las veo; tu te quedas en la casa y solo me llevo al Conejo y al Gordo Reformado. ¿Estás loco? ¡Tú empezaste mujer! ¿De donde caraxos sacaste la idea de tan autóctono festejo? Pues es que eso está mejor. Muy bien… entonces dime por favor: ¿Cómo te gustaría celebrar mi cumpleaños? No pues es tu cumpleaños. ¡Ah verdad!

Sin embargo eso no importó. Ya que decidí como sería la celebración. Mi Emperatriz puso manos a la obra para hacer la invitación a tan importante evento.
Me preguntó cual diseño me gustaba, escogí tres y de manera muy sospechosa, ninguna ganó.
Sigo sin entender para que me pregunta. Así que gran delegador como soy, ya le dejé esa tarea. Sólo espero que no vaya a querer poner de portada un cuadro de Diego Rivera.

Quiero aprovechar para darle las gracias a todos los que siguen este virginal blog, por sus palabras respecto a la triste partida de la Mandarina quien seguramente, se dará un tiempito para ir a mi fiesta. Será más que bienvenida.

Noticia de último minuto: A mis amigos los Vacunos que como ya se sabe, radican en la capital mundial de la cajeta; ya les llegó el rumor del tamaño de la fiestota y se aprestan a embestir esta Ciudad de las Montañas, para venir a celebrar conmigo este onomástico. Claro… también el de la Crayola.

sábado, 27 de marzo de 2010

Mandarina Celestial

Para los que disfrutan el humor de este virginal blog… les digo que esta entrada, no estará beneficiada de el.

El día de hoy me siento profundamente triste y conmovido, ya que se nos adelantó en el camino una persona a la que así sin más, se le fue la vida y un poco de la nuestra junto con ella.

Ella es la Mandarina; prima de mi amigo el Gordo Reformado, a quien yo conocí cuando apenas era una hermosa chiquilla de unos cuatro años.
Desde que ella tenía esa edad a mi me encantaba saludarla y hablarle; y a ella le encantaba no dirigirme la palabra, darse media vuelta e irse.

Alguna vez le hablé por teléfono al GR y contestó ella por aquellos años: Bueno. Hola Mandarina. ¿Quién habla? Tu novio – le contesté a la niña y así sin más me colgó-.
Hace unos pocos meses me recordaba esa historia, de la que francamente yo me había olvidado por completo y nos moríamos de la risa, recordando como para ella prácticamente, después de ese episodio, no me pudo volver a ver sin sentirse apenada.

Así dejé de ver a la mandarina, hasta que se convirtió en una señorita, con la que tuve la oportunidad de trabajar, en esa importante compañía que tiene el honor de contarnos a los dos, entre sus empleados más apasionados.
Ese fue mi reencuentro con la Mandarina.

Desde entonces tuvimos la oportunidad de volvernos compañeros, amigos y forjamos una relación de mentor y mentada, aunque desconozco si ese término es apropiado.

Convivimos en numerosos eventos de trabajo y la última vez, precisamente en el cumpleaños de mi amigo el Gordo Reformado. Ahí, la Mandarina tuvo la osadía, de por poco ponerme a trabajar en medio de una fiesta.
Yo por supuesto la mandé a freír espárragos y me alejé de ella a otro lugar donde nadie quisiera ponerme a chambear. Después regresé, ya no me puso a trabajar y seguimos muy contentos la velada en compañía de la Generala y otros.

Hace unos días fue a mi oficina a saludarme. Yo estaba pegado al teléfono cubierto hasta el cuello de trabajo y sólo acerté a darle un beso y decirle lo ocupado que estaba. Ella comprensiva como siempre, asintió y me hizo un gesto así como diciendo: Luego hablamos.

Lo más triste del asunto es que ya no lo haremos, porque esa fue la última vez que la ví con vida. Eso me hace sentir profundamente triste, porque si hubiese sabido que no volvería a hablar con ella, la habría abrazado muy fuerte y le hubiera dicho lo orgulloso que me siento de ella. Pero… ¿Qué iba yo a saber que una jovencita de veintipoquitos años, se iba a dormir para nunca despertar?

Hoy sólo me queda recordarla, llorarla y abrazar muy fuerte a sus padres y hermano; a quienes me gustaría en un acto de magia, quitarles ese dolor que sienten tan profundo y sentirlo en su lugar.

Igualmente al resto de su familia, que también es la mía y que de mis ojos salgan todas las lágrimas que de ellos ya no pueden salir. Hasta que yo solo, vuelva a llenar el río Santa Catarina, que de manera tajante, atraviesa esta ciudad de las Montañas en la que ya no cabe otro gramo de pena.

En el cielo… donde TIENE que estar la Mandarina; espero fervientemente que me vaya separando mesa, a un lado de todas esas personas con las que tengo que sentarme y tener largas y profundas conversaciones, para que ahora sí, no me quede pendiente de abrazarla y decirle lo triste y vacío que me deja su partida, pero lo feliz y dichoso que me siento de haberla conocido.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Maraña

El título de esta humilde aportación a la literatura universal, no puede ser más adecuado.
Una maraña es lo que ha sido esta última semana y media. Y yo… ¡Ay Díos mío ten piedad de este pobre bloguero! Estoy en el centro mismo de esto.

¿Qué por que no escribo? Me pone mi tía la Bíoloca (eso no fue un error de dedo), ¿Qué si me pasmé y por eso no he escrito?

Pues no. La verdad es que no me pasmé ni nada. La única explicación que puedo dar al cada vez más minúsculo auditorio de este virginal (y desatendido) blog, es que no me he dado el tiempo de poder escribir.

Esto de tener dos identidades ha sido un poco desgastante en las últimas semanas y no puedo evitar pensar lo fácil que sería poner los huevos en una canasta (es un decir) y vivir mi vida como un solo. Pero cuando pienso en cosas como Estíbaliz, eso me ubica rápidamente y me recuerda el porqué el esfuerzo de escribir en un más o menos anonimato.

Para empezar mi trabajo, que hace posible todo lo demás, en esa importante compañía que tiene el debatible honor de contarme entre las filas de sus empleados más enjundiosos, me ha demandado harto en los últimos tiempos.
“Así es esto del abarrote” diría la sabiduría popular, aunque yo no me dedique precisamente a eso.

También están los daños colaterales que han abollado mi pensamiento. Como por ejemplo, la salud de la Crayola Hipocondríaca; a la que un día se le traba la reversa y al otro día se le desajustan los frenos.

El más sano de la familia que es mi papá, el cual a pesar de la desenfadada vida que ha llevado, parece que nos va a enterrar a todos o tendrá que morir atropellado, ahora también nos saco un sustito ayer.
Resultó que al muchachón, le sacaron la muela del juicio. Que aquí entre cuates, yo creo que era lo único que tenía mi papá de juicio y resulta que le entraron fuertes consecuencias por ello que hasta al hospital fue a dar.

Mi papá creo que es el peor paciente que puede tener cualquier doctor, y rapidito, con tal de que dejará de fregar, lo regresaron a su casa, después de darle un té de gordolobo y lavarle la carita con jabón neutro.
La buena noticia es que ya está bien y listo para seguir viviendo plácidamente con su gato, con quien lleva una relación amor-odio y un día terminará en fatales circunstancias de pronóstico reservado.

Si a esto le agregamos, los índices de violencia que hoy azotan a este ya de por sí azotado México y en particular, a este ingenuo e inexperto Monterrey, en esos artes de la vida peligrosa; pues la verdad la cosa está de locos.

Antes me relajaba cuando salía del trabajo, pero ahora es cuando más preocupo. ¿Llegaré sano y salvo a mi mansión? ¿Me secuestrará alguna banda de esas con nombres mamilas como “Los Hijos de San Quintín”? ¿Habrá alguna balacera entre masiosares rivales y seré una víctima inocente que sólo va armado con su sentido del humor? La verdad no creo que el sentido del humor haga que las balas reboten como si yo fuera Superman.

Lo bueno de todo esto y lo que me consuela, es que la próxima semana vienen las vacaciones de Semana Santa, que la verdad yo las espero como si fuera octubre y es que la verdad este año, no ha estado tan rebelde como el otro, pero esto de la recuperación económica, nos ha demandado corretear la chuleta más de lo normal.

Si no me creen, dense una vuelta en la blogósfera; se darán cuenta de que la mayoría andamos igual. Si no fuera por mi sobrina del blog “Sopa de Colores”, quien con su síndrome de personalidad múltiple, escribe no solo por ella, sino por otras nosecuantas personas más, creo que los blogs ya hubieran quebrado, si es que eso es posible.

Con razón cosas como el Twitter han cobrado tanto auge. La gente ya no tiene tiempo para escribir más que ciento cuarenta letras.
Otro termómetro importante de lo lenta que está la blogósfera, es el número de comentarios que dejan aquí.

Está bien… sé que esté no es un blog muy comentado, nunca lo ha sido y con el cada vez menor tiempo de este que escribe para leer y comentar, estoy seguro que irán en decremento. Porque todo mundo sabe, que en este submundo de los blogs, la moneda de cambio es comentar en otros y así ellos vienen y comentan aquí y todos nos inflamos el ego mutuamente. Es una comunidad muy cooperativa por cierto.
Aunque la verdad es que si tienes poco tiempo de leer y comentar a otros, pues tu blog se empieza a mosquear.

Por eso, estos últimos días sólo he podido hacerlo en fin de semana y con esas personas a las que además de admirar por sus escritos, les he ganado un aprecio importante y me emociona descubrir sus novedades.

Esta entrada estuvo muy dispersa pero ¿qué esperaban? ¿El título no fue claro?
Es una maraña. Una maraña de pensamientos, una maraña de cosas, una maraña de acciones y el que lo pueda desenmarañar, un buen desenmarañador será.

domingo, 14 de marzo de 2010

La Borrosidad de la Crayola

Por si mis amados y escasos lectores no se habían dado cuenta, estuve ausente de este virginal blog por casi dos semanas.
Me gustaría poder decirles que en esta ocasión, la ausencia fue por un magnífico viaje a San Francisco o a otras tierras igualmente misteriosas y exóticas. Sin embargo, nada más alejado de la realidad.

No entraré en detalles de la razón de mi ausencia. Sirva decir que estas dos semanas, han sido algo complicado y espero algún día poder escribir sobre eso aquí mismo, para que todos lo sepan. Estoy seguro que ese momento llegará pronto.

Aún así, en estas dos semanas han ocurrido cosas que han alegrado mi corazón profundamente.
Una en particular nos ha llevado de la agonía al éxtasis, involucrando a mi hermanita querida, conocida en este bajo mundo de “La Hora de Mcrow” como la exuberante “Crayola Roja”.

Resulta que a mi hermanita de un día para otro se le empezó a fundir el foco y apagársele las luces delanteras. O lo que es lo mismo: Empezó a ver “borrosito”.
Eso desde luego asustó mucho a la referida. Así que más rápida que un rayo, se apersonó con el primer oftalmólogo a la mano, mismo que, en su infinita idiotez, le dijo que el no sabía lo que tenía y que entonces debería consultar un neurólogo.

Este aventurado diagnóstico del “Ojólogo” asustó mucho a mi hermana, a la cual pronto le vino su gastritis, colitis, insomnio, dolor de vientre, cefalea, reuma, mal del zambito, tos (con flema y sin flema), esquizofrenia, vejiga nerviosa, dolor de riñones, de oído, de fosas nasales, dedos y hasta un conato diabético.

No era para menos la preocupación de mi hermana. Porque si bien, la mayoría de los que la conocemos, estamos completamente convencidos de que está loca. Ir a ver a un neurólogo por una cosa tan perturbadora como dejar de enfocar, ya es otra cosa muy diferente.

Allá fue la individua con el neurólogo y rápidamente este galeno de cerebros, le mando todos los estudios habidos y por haber. Entre ellos una resonancia magnética que solo vino a agravar la preocupación de la Crayola y de los que la rodeamos.
Afortunadamente, después de toda esa minuciosa inspección; resultó que mi hermana no tiene nada en el cerebro lo cual yo, como diría mi amigo
Rampy El Genio de la Palabra, CE LEBRO. ¡Ja!

Ahora deberá mi hermana, seguir buscando la causa de su “emborrecimiento” y yo tengo algunas teorías:

La primera es que deberá de empezar a usar sus lentes, cosa que la endiablada muchacha ha dejado de hacer desde hace ya considerable tiempo.

La segunda es que esa peligrosa enfermedad que mi mamá le ha heredado a la Crayola, empieza a hacer estragos en su cuerpo.
Eso que le heredo mí cabecita blanca a mi hermana, se llama SDPC o lo que es lo mismo, para que la población que no tiene ningún título científico y que leen estas humildes líneas entienda, se llama: Síndrome de Preocupación Crónica.

Por lo pronto mi carnala, ya ha puesto manos a la obra y ha comenzado con clases de baile y danzas rítmicas eróticas, que estoy seguro además de ser un beneficio para ella, también serán disfrutadas ampliamente por el Pelón. Quiera Díos.

Antes de dejar este espacio y derivado de mi inopinada ausencia; no tuve la oportunidad de felicitar en este espacio, a mi amigo El Gordo Reformado, por su inevitable cumpleaños número treinta y dos.
Él, como uno de mis mejores amigos de toda la vida, se merece más que una felicitación en uno de los blogs menos leídos y comentados de la supercarretera de la información.
Más bien, el nos regalo a nosotros, una de las mejores y más agradables veladas de lo que va del 2010. Pero a mi, que nunca me ha gustado quedarme conforme, quiero regalarle a este gran amigo en este año, algo que el nunca pueda olvidar.
Eso que quiero regalarle al GR es una nueva novia.

Mi amigo el Gordo Reformado, como seguro se intuye por su apodo, ya no es para nada gordo. Au contraire, es un tipo delgado y guapo, con una determinada actitud, alto y medio menso; del cual estoy seguro que cualquier gacela (como diría mi ídolo el señor Germán Dehesa), con las características adecuadas, podría sacar mucho provecho y vivir felices para siempre.

Interesadas favor de enviar foto de cuerpo completo a esta redacción.

sábado, 27 de febrero de 2010

Furia Volcánica


La ira ha carcomido mi ser los últimos días. Creo que empiezo a ser presa de un ataque hormonal por todos los frentes.
Tengo que tranquilizarme, porque si no, algo pasará.

Tenía previsto pasar un par de días de trabajo en Mérida y después un par más de vacaciones, ahí mismo, con mi adorada mujer. Sin embargo, no contábamos con la astucia del vuelo Mérida – Monterrey, que así nada más, se agotó. Obvio es decir que lo hizo, antes de que compráramos el boleto de aquella.
Así, se quedó bailando y no vendrá conmigo; entonces ¿para que he de quedarme allá?
Tendría que recurrir al escabroso tema de las novias imaginarias; comentado en la entrada pasada de este blog.

La verdad es que yo ya conozco esas apacibles y amables tierras Yucatecas; mi intención, era que las conociera mi Morena de fuego, pero pues ya nos la pellizcamos.

Eso y otras muchas cosas que pasan, me tienen con un humor de perros estos días.

Así con todo y mi genio (hablo del humor), me levanto a las cinco y media de la mañana, me baño con un frío de perros, me visto, llega mi taxi, acaricio a la Generala y beso al Joey (¿o al revés?), llego al aeropuerto, despego en Monterrey, aterrizo en México, compro un café, me subo al vuelo que va a Mérida, me toca el último asiento, cuyo ocupante es el que tiene la función de destrabar el carrito de las bebidas llegado el caso. El vuelo va vacío, la sobrecargo me sonríe y me dice que me mueva si quiero. Como sí quiero, me cambio a un lugar sin responsabilidades. Despegamos otra vez. Mientras nos vamos alejando del suelo, puedo admirar con cuidado, lo que alguna vez fue la Gran Tenochtitlán. Allá a lo lejos, los volcanes más famosos de México: El Popocatepetl y el Iztaccihuatl.
Mi ira desaparece de manera casi instantánea y soy transportado a otro tiempo.

Un tiempo hace muchos años, en el que tenía la grandísima ilusión de conocerlos. Yo debo haber tenido siete u ocho años y allá fuimos mis papás, mi hermana, mi abuelo “Pancho Pistolas” y mi tía la Bióloga.
Subimos hasta el Popo y nunca pudimos verlo. Yo preguntaba que donde estaba el volcán y a pesar de los esfuerzos de todos por hacerme entender que estábamos arriba de él, yo no les creía. ¿Cómo era posible estar encima de un enorme volcán y no poder verlo? La neblina era espesa y hacía un frío de perros en el refugio alpino de Tlamacas.

Bajé desconsolado por no poderlos ver, fuimos a comer a un restaurante en la carretera y cuando salimos, ahí estábamos a los pies de los dos volcanes.
Eso fue hace más de veinte años y todavía recuerdo ese profundo sentimiento de haber encontrado algo que faltaba. Desde entonces, el Popo y el Izta, han ejercido sobre este que escribe, una mística atracción que va más allá de mi entendimiento. Para mi son como dos amorosos padres en la lejanía de un valle, que cuidan a sus hijos. Ellos dicen y yo callo y obedezco. Me subordino incuestionablemente a sus encantos y escucho con atención lo que me tienen que decir.
Todo va a estar bien -dicen los volcanes-.

No me lo dicen así con palabras. Solo lo siento dentro de mí, ellos lo inspiran, ellos lo saben, ellos lo hablan.

Después de un rato en el avión y más allá, puedo ver otro volcán, el Citlaltepetl, del que me hablaban mis abuelos. Ese es su verdadero nombre, aunque la gente lo conozca mejor como: El Pico de Orizaba. Es la primera vez que lo veo en mi vida, pero también se comunica conmigo; mi abuelo me habla a través de él y recuerdo de golpe muchas cosas. Todas ellas buenas, todas ellas nostálgicas.

Cuando llega el momento de aterrizar en la blanca Mérida, lo hacemos en medio de una espesa capa de nubes. En Mérida llueve.
Para los habitantes de esta hermosa ciudad, hace mucho frío. Hay dieciocho grados.
Los Emeritenses, llevan suéter, algunos de ellos abrigo y otros más friolentos… tuvieron una ardua batalla con la polilla de su armario, para sacar su empolvada bufanda, que usan sólo dos o tres días al año. Yo… estoy comodísimo y en camiseta con ese clima.
Mi mal humor se encuentra en franca recuperación.

Con una buena cena yucateca, mi mal humor desaparecerá por completo y podré ir a dormir, para tener sueños llenos de lava.

Les dejo una fotografía que tomé desde el avión a los volcanes. Mi buen amigo
Varo, estará feliz de que haya puesto una en mi blog. No te acostumbres.
También les dejo un video que cuenta la leyenda de estos dos volcanes de México.


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