sábado, 31 de julio de 2010

Diálogo con Saramago


Aunque los escasos lectores de este virginal blog no lo crean, su seguro servidor y su escritura, se encuentran influenciados. Pero eso no tiene nada de relevante, ya que todo el mundo está influenciado.
Este blog y estos escritos que semana a semana les hago llegar con todo mi cariño, tienen dos poderosas influencias que hasta ahora identifico y no me molesta admitir que su pluma y sus pensamientos me han tocado profundamente.

Por ahora hablaré solamente de uno de ellos y ese sin lugar a dudas es José Saramago.

Desde luego no es la intención de este pobre aprendiz de escritor, compararse en ningún sentido con el hijo pródigo de Portugal. Ya que me encuentro a años luz de distancia de su pluma y de su prosa, de su imaginación y su sustancia y de su magistral sentido de protesta y lucha a través de la palabra.

Desde luego, el que admire a Saramago, no quiere decir que siempre piense como él, ni que opine las mismas cosas sobre algunos asuntos a la par del escritor. Sin embargo, uno no tiene que pensar igual que otro hombre para admirar su grandeza.
Ese es mi caso con el maestro Saramago.

Me hubiese gustado tener con él una larga conversación a través de la escritura.

Mucho gusto Don José, soy Mcrow. Que clase de nombre es ese. ¿Me lo dice o me lo pregunta? Nunca lo sabrás, porqué la duda. Como no puso los signos de interrogación lo dudaba. Que no sabes que nunca los uso. En eso tiene razón señor, lo había olvidado. Usted es muy conocido por su particular forma de escritura. A algunos les gusta y a algunos no, sólo hay que leerlo en voz alta. A mi me gusta mucho la manera en la que escribe, sobretodo esto de poner los diálogos de corrido, siento que me acomoda muy bien. Supongo que no ocurre lo mismo con los signos de interrogación. ¡Correcto! Esa parte a mi no me va. Yo prefiero ponerlos para que la gente entienda el concepto. Las tres enfermedades del hombre actual son la incomunicación, la revolución tecnológica y su vida centrada en su triunfo personal. ¿Y eso que tiene que ver? Lo mismo que tus signos de interrogación… nada. Bueno Don José, a pesar de ser su admirador, la cuestión de la puntuación no es la única en la que diferimos. Ah no… en que más mi joven amigo. ¿Me preguntó? Si… esta vez puedes estar seguro de que te pregunté. Yo por ejemplo no soy comunista como usted. Yo sólo soy un comunista hormonal. Entonces yo soy capitalista hormonal también y prefiero la democracia. El poder real es económico, entonces no tiene sentido hablar de democracia. Que profundo. Eso depende. ¿Depende de que? Bueno pues depende de muchas cosas que no vamos a profundizar ahora. Otro tema en el que difiero es que yo soy un optimista y usted definitivamente está del otro lado del péndulo. Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay. ¿Eso quiere decir que yo no quiero cambiar al mundo? Piénsalo, Sí, soy pesimista, pero yo no tengo la culpa de que la realidad sea la que es. No estoy de acuerdo. No tienes que estarlo, Disentir es uno de los derechos que le faltan a la Declaración de los Derechos Humanos. En eso si estoy de acuerdo con usted. Me gustaría escribir un libro feliz; yo tengo todos los elementos para ser un hombre feliz; pero sencillamente no puedo. Sin embargo hay una cosa que sí me hace feliz, y es decir lo que pienso. A mi también me hace feliz decir lo que pienso Don José, además me agrada mucho que respete mi opinión. He aprendido a no intentar convencer a nadie. El trabajo de convencer es una falta de respeto, es un intento de colonización del otro. No lo había pensado así pero supongo que tiene razón. Un punto en el que quizás estoy más de acuerdo con usted es en el de Dios. ¿Qué Dios? ¡Aja!... puso signos de interrogación. Los puse mi joven amigo sólo para que dejes de cuestionarme a cada comentario si pregunté o no, no lo haré más. Hablábamos de Dios. Si me conoces como dices, sabes que soy ateo. Si lo se, y digamos que yo soy creyente hormonal así como usted es comunista hormonal. No creo en dios y no me hace ninguna falta. Por lo menos estoy a salvo de ser intolerante. Los ateos somos las personas más tolerantes del mundo. Un creyente fácilmente pasa a la intolerancia. En ningún momento de la historia, en ningún lugar del planeta, las religiones han servido para que los seres humanos se acerquen unos a los otros. Por el contrario, sólo han servido para separar, para quemar, para torturar. No creo en dios, no lo necesito y además soy buena persona. ¿Pero su tema es con Dios o con la religión?, digamos… ¿la iglesia? No me hagas empezar con la iglesia, creo que es momento de terminar. Don José, lo vamos a extrañar. Como aprendiz de escritor lo voy a echar de menos, porqué a mi me pasa lo mismo que usted dijo una vez. Que dije, te robarás una frase más de mi. Si, pero esta la pongo en mi boca no en la suya. Usted dijo que no escribía para agradar o para desagradar, sino para desasosegar. Pues esa frase me quedó muy bonita. Lo mismo pensé y a mi me pasa igual. Entonces sigue escribiendo. ¿Y ahora que se murió que va a hacer? La muerte es un proceso natural, casi inconsciente. Entraré en la nada y me disolveré en ella. Se disolverá solo su cuerpo Don José, porque su prosa, sus libros y sus personajes, vivirán siempre.


Así imagino mi charla con Saramago. Agradezco la generosa colaboración de Don José para la escritura de esta entrada. Uno no tiene a un Nobel todos los días para ayudarle a escribir.


miércoles, 21 de julio de 2010

Cuanta Cosa ¿No?

Querido lector: No eres tú… soy yo.
No creas que mi falta de escritura es porque tengo algo contigo. No hay tal.
Las cosas han pasado tantas y tan rápido, que es difícil encontrar un pedacito de soledad y tranquilidad para escribir de todo lo que te quiero contar.
Para empezar, estoy en deuda con Don José Saramago; que Dios lo tenga en su santa gloria (así decía mi abuelo). Aunque a Don Pepito, eso de Dios y sus misterios, nada más como que no le iba.
Así que para estar más a tono con el Nobel: Que el ateismo lo tenga donde lo deba de tener.
Desde su irreparable pérdida, pensé en dedicarle una entrada en este blog. Aunque a él probablemente le provoque otra instantánea muerte; quien esto te escribe, siente que se lo debe.

Después, tuvimos el huracán tremendo que nos pegó en Monterrey. La ciudad se colapsó junto con nuestra rutina. Apenas estamos despertando con la resaca que nos dejó el insufrible Alejandro. Porque después de lo que nos hizo, que le llame Alex la autora de sus días. O en un lenguaje más coloquial: Mejor que le llame “Alex” su pinche madre.
Dediqué la mañana de un sábado a ir a ayudar como voluntario a mandar víveres para los damnificados de la misma ciudad. Tengo que decir que me impresionó la cantidad de ayuda y de manos que nos presentamos a trabajar por esta noble causa.
Impresionado estoy también, por la falta de ayuda que ha habido de otros estados. Debo decir que estoy un poco dolido, de ver como los regios se apuntan para ayudar a otras ciudades de México que caen en desgracia y hasta a otros países y lo poco que le ha retribuido eso con sus compatriotas.
No importa. La verdad es que cuando uno ayuda, no debe pensar en como le van a devolver a uno el favor. Seguramente esta ciudad y sus habitantes, seguirán ayudando cuando la situación lo demande en otros lugares.
Para los que me leen y no son de Monterrey, les digo que ya se les está haciendo tarde para mandar lo que sea. Comida enlatada, agua embotellada, artículos de higiene personal, ropa, medicinas y lo más básico para ayudar a la gente que lo perdió todo.
Vayan ya a sus centros de acopio y manden.

Luego el siempre presente tema del mundial, que para beneplácito de la Generala ya terminó. Estuve (y aún estoy) feliz por los españoles y su selección, que hicieron historia en Sudáfrica. Creo que la historia siempre se encarga de poner las cosas en su lugar y hoy ya pertenecen a ese selecto grupo, en el cual espero ver a México algún día, aunque ya sea viejito.
Atrás quedaron las vuvuzelas, Shakira y su Waka-Waka, la agradable gente de Sudáfrica, las grandes figuras que nunca figuraron y el polémico Jabulani del que todos dijeron que una pelota de playa, tenía más contundencia en los tiros.

Luego nos lanzamos a San Antonio Texas, con mis amigos los Vacunos. Quienes llegaron a tierras regias con la tarjeta de crédito afilada y listos para el “chopin”. Allá fuimos.
Hicimos una breve escala en Sea World, en la cual estuvimos acompañados por un calor, que sólo era comparable imagino, con el rincón más calientito del infierno y nos paseamos bajo un tremendo sol, que parecía tener toda la intención de quemarnos vivos. Con decirte querido lector, que mejor nos lanzamos a ver a los pingüinos, para descansar un poco del aciago clima que nos acompañó.
Luego a la intrépida Generala y mi amigo Vacuno, se les ocurrió subirnos a la Sra. Vacuna y a mi, a una montaña rusa que la verdad creo que estaba mejor el calor.
Ni siquiera alegando la reciente cirugía de mi consorte y la frágil espalda del Vacuno, pudimos disuadirlos de treparnos en ese aparato del demonio con fines de tortura, para las almas impolutas como la nuestra. ¡No hay derecho!

Ya en un plan más relajado, fuimos a ver a los delfines y cuando traté de acariciar uno, me mordió. Malditas criaturas del mal. ¿Qué no se supone que son alegres espíritus de la naturaleza, famosos por su docilidad y pureza?
En honor a la verdad, debo decir que la mordida del acuático mamífero sobre mi mano, fue del todo accidental y que en ningún momento pretendió hacerlo así. Además debo decir también que no me dolió nada ni me hirió.
Si así hubiera sido… me lo hubiera zampado en una tostada con salsa Tabasco y harto limón.

Por si eso fuera poco, los dos días siguientes, los dedicamos a desplumar al heroico centurión de la American Express, en todas y cada una de las tiendas que se nos atravesaron.
Así fuimos y regresamos, bajo la reprobatoria mirada de mi madre y la Crayola, que porque la carretera estaba inundada y llena de tremendos forajidos dispuestos a robarnos nuestras cosas. Como si nos importaran esas minucias, a la hora de largarnos a cualquier lado.

Con tanta cosa querido lector… ¿A dónde querías que metiera algo de tiempo para esta noble tarea de escribir?

Ya llegué, ya escribí y “aistá”.

lunes, 5 de julio de 2010

Huracán

Por si todo lo que últimamente ha dado por pasarle a la orgullosa Ciudad de las Montañas, no fuera poco; o necesitara otra cosita para sacudir las tribulaciones de sus ciudadanos. Ahora también nos llegó un tremendo huracán, al que la gente encargada de bautizar a estos fenómenos meteorológicos, llamó con el afable nombre de “Alex”.
Sin embargo, en honor a la verdad, lo único amable que tenía este huracán era el nombre.

Esta ciudad representa el motor económico de México, integrada por gente de gran corazón y un espíritu de trabajo encomiable, llamados Regiomontanos. La verdad es que hasta hace unos pocos años, eran muy pocas las amenazas que se cernían sobre la existencia de ellos. Hoy, la cosa es muy diferente para los que vivimos aquí.

Alex nos azotó y nos azotó bien. Para ponerlo en términos futbolísticos, tan de moda en estas épocas mundialistas, digamos que nos goleó seis a cero.
Algo a resaltar de este fenómeno es que, al ser la tercera vez que un huracán nos golpea aquí con esa fuerza, pues la verdad es que el pueblo regiomontano en ese sentido, ya es una cobija muy miada y se la saben de todas todas. Por lo que el costo en vidas fue mínimo. Me hubiera gustado decir que inexistente.

Sin embargo, el costo en nuestras avenidas, colonias, casas y autos fue alto, muy alto. En este momento tenemos mucha gente que se quedó sin casa. Normalmente a los que siempre les sucede lo mismo; esos que no tienen donde vivir y escogen los lugares más peligrosos, mientras que las autoridades se hacen de la vista gorda.

Fue mucha agua la que cayó, que corrió y que arrasó. Nos quitó muchas cosas y nos trajo otras. Entre las cosas que trajo la lluvia fue al Gobernador del Estado, mismo que muchos de nosotros pensábamos que ni teníamos. Ese Gobernador que desde que ganó las elecciones, gracias al voto inexplicable de la mayoría de mis conciudadanos; se había escondido en su casita con su esposa y trillizos, para asomar la cabeza muy de vez en cuando, sólo para ir a inaugurar el torneo de voleybol de la Escuela Primaria Profra. Ernestina Torres Buenrostro o actos de similar importancia.
Siempre será más fácil encarar un huracán y sus terribles consecuencias, que luchar contra la inseguridad y el narcotráfico.

Ahora si, el Sr. Medina anda corriendo de un lado al otro, sale mojadito en la tele, con las gotas escurriéndole por sus cachetitos, con su mirada de “no tengo idea de nada”, tratando de dar ánimos a la población. ¡A buena hora salió este Gobernador de cuarta a dar la cara! No nos confundamos, este estado sigue y seguirá desgobernado, mientras este jovenazo siga ahí.

Una de las cosas que paradójicamente nos ha quitado tanta lluvia, es el agua misma. Es difícil de explicar, pero muchos hogares aquí, no tienen en sus casas. Lo que provoca ver escenas apocalípticas en las calles, de gente con sus cubos, llenándolas en el primer pozito que se encuentren.
La Generala y yo, somos de los afortunados que no nos pasó nada, pero al resto del clan, les afectó muchísimo y aún están viviendo los efectos.

Lo bueno de todo esto, es que una de las cosas que trajo “Alex” a esta honorable ciudad, fue un renovado espíritu de solidaridad entre sus habitantes. Y es que los regiomontanos son buenos para los momentos de la verdad.
Somos víctimas del mismo mal y nos hermanamos en la desdicha; sufrimos de ver nuestra ciudad con esas cicatrices que tardarán mucho en cerrar. Aún así, son sólo cosas materiales, reemplazables todas ellas y eso no detendrá a Monterrey. Una ciudad a la que ni su horrible clima la ha detenido.

Monterrey ha salido de cosas como esta siempre y ahora, no será la excepción. Saldrá airosa, para seguir llevando sobre sus hombros, a este país y para seguir siendo ejemplo de trabajo, entrega y dedicación. Exceptuando al Gobernador.

sábado, 26 de junio de 2010

Migración Bovina

La pasada entrada futbolera, no me permitió abordar algunos de los temas importantes que han acontecido en las últimas semanas.
El tema del futbol, sigue siendo muy difícil de evadir ante este tan extraño mundial que estamos viviendo. Ahora resulta que tanto Francia como Italia, ya hicieron sus maletas y van de regreso a sus respectivos hogares. ¿Qué tal eso?
En México estamos ansiosos por el juego del domingo, contra la poderosa selección de Argentina.
Hablando de esto, quiero aclarar algunos puntos que tal vez no quedaron claros en la pasada entrada. Desde luego que yo no tengo nada contra Argentina; por el contrario, ese hermoso país y su gente, representan para mi uno de los sitios sin los cuales, America no puede entenderse y quererse. Mi cariño siempre para los argentinos y su tierra. Lo único que establecí, es que Maradona, el actual director técnico de la selección de futbol de ese país y desde luego, uno de los mejores jugadores de futbol que han existido; me cae como patada de mula a las siete de la mañana en los gumaros. Pero sólo él.
Espero que con esta nota aclaratoria, quede zanjado este asunto con mis amigos argentinos.

Dejemos de lado un momento al mundial y a sus inesperados resultados, para abordar temas por demás importantes. Uno de ellos es la definitiva mudanza de mis amigos los Vacunos a esta ciudad de las montañas.
Así es querido lector, mis bovinos amigos, dejan su hogar ubicada en la importante urbe de Celaya, y vienen con todo y triques, a asentarse en esta noble metrópoli, poblada de medio verdes cerros que de lejos se ven azules, cuna de importantes hombres y que el sábado por la tarde siempre huele a carne asada.

Desde luego mi magnánima esposa y su servilleta, así como el clan que conformamos, nos sentimos muy contentos de tenerlos de nuevo tan cerca.
Servicial y obediente como soy, ofrecí mi apoyo al Sr. Vacuno, en la noble misión de encontrar una nueva casa; donde él y la Sra. Vacuna, podrán ser felices para siempre y tener muchas vaquitas y vaquitos.

Así lo llevé y lo traje, a todas las mansiones dignas de la estirpe de un ganado de semejante categoría. Unas le gustaron y otras no; lo importante es que al final se decidió por una. Eso de se decidió es un decir. Porque el Sr. Vacuno al igual que el de la voz, vive sometido en un intenso matriarcado, donde la Sra. Vacuno, es la mamá de los pollitos. Aunque esta última afirmación, ponga de cabeza a los zoólogos.
O para decirlo de otra forma, mi amigo es una víctima más de una dictadura de proporciones catastróficas, como la de Hugo Chavez en Venezuela.

Sobra el decir que yo lo entiendo, porque somos víctimas del mismo mal.

Aunque a él ya le había gustado una casa, todavía necesitaba el visto bueno en original y dos copias, de su Majestad Vacuna I. Así que de inmediato hicimos las gestiones necesarias, para subirla en un avión de primera clase como manda el protocolo. Volarla hasta estas tierras áridas y recibirla con todos los honores que su cargo demanda.
Así, después de toda esta maroma, la Sra. dio su consentimiento para el usufructo de la vivienda y comenzó el arduo trámite de transferir los poderes de Celaya a Monterrey.

El Sr. Vacuno y yo, respiramos aliviados de tener la venia de ella, porque dicho sea de paso, nos acomodamos una buena friega, yendo de aquí para allá, bajo la insoportable temperatura de cuarenta grados a la sombra.
Lo importante es que ya estamos listos para la ceremonia de bienvenida, que habrá de ser buena y habrá de ser larga.
Le doy gracias a la vida por tenerlos cerca de nuevo y por el capítulo en sus vidas que están a punto de iniciar. Estamos tan contentos de tenerlos acá, que la Generala podría romper la ahora irreconocible faja de felicidad.

El otro asunto que quedó pendiente no es tan alegre. Ese es la muerte de José Saramago; que en lo personal me hace sentir la tristeza y el vacío, de cuando se va un grande.

Desgraciadamente el tiempo se nos ha venido encima y el maestro Saramago merece mucho más que las últimas tres líneas, en este virginal e inconquistable blog, que se llama ahora y para siempre La Hora de Mcrow.

Podéis ir en paz.

sábado, 19 de junio de 2010

El Mundo es Redondo

El tiempo es relativo. Así lo siento ahora porqué la última vez que escribí, me parece tan lejana y pienso que tal vez ya pasaron varios años, aunque en realidad sólo haya sido un par de semanas.
Seguro la primer pregunta de mis tres lectores será: ¿Cómo sigue la Generala de los males que la aquejaban?
Tengo el placer de informarles que se encuentra en franca recuperación total y reintegrada casi en su totalidad, a sus arduas labores diarias. Muy bien por ella, pero mejor por todos los demás. Especialmente este sufrido aprendiz de escritor, que la verdad ya no sabía donde ponerla.
Tengo muchas otras cosas que contar, sin embargo, he de pasar al tema más importante que se gesta actualmente y ese no podía ser otro que el del mundial de futbol.

Me recuerdo hace casi 25 años, cuando este que les escribe, tendría unos ocho años y viví de manera conciente la primera copa del mundo de futbol.
He de confesar a la amable concurrencia que me favorece con su lectura, el hecho de no ser una persona sumamente futbolera. Pero por favor díganme ¿Quién puede resistirse a los seductores arrebatos carnales de un mundial de futbol? Más aún, cuando el país en el que uno nació, forma parte de ese selecto grupo de naciones participantes.

Recuerdo el Mundial de México 86 como si en realidad hubiese sido México 2009. Recuerdo la calurosa recepción de la selección verde amarela a Guadalajara y el controvertido gol que le anularon a España en el partido entre estos dos.
Recuerdo el ascenso de Maradona y su gol donde burló hasta al vendedor de chelas. Por supuesto que también recuerdo su gol con la “mano de Dios”. Desde ese entonces pensé: que bien juega ese gordito, pero que mal me cae.
Recuerdo al extraordinario portero de Bélgica Jean-Marie Pfaff y los suspiros que mi mamá emitía por los rubios rizos de este arquero. También recuerdo que fue el último mundial de Michel Platini.
Recuerdo haber asistido al partido de Brasil contra Argelia y que mi papá me compró unas horrorosas calcetas blancas, con las respectivas banderas, que entonces fueron mi fascinación. También recuerdo conocer a la innombrable selección de Polonia, que creo que todavía ni llegaban, cuando ya se estaban regresando.

Recuerdo las lágrimas en el rostro de los brasileños, cuando fueron eliminados por Francia. El gol que le anularon a México contra Alemania y que nos eliminaron en penales, como normalmente sucede.
Recuerdo el partidazo que fue la final Argentina contra Alemania y la felicidad de que ganaran los primeros. También recuerdo a ese coagulo hepático llamado Neri Pumpido, portero de la selección Argentina y los desaires que hizo a México.
Sin embargo México 86, pasó a la historia como uno de los mejores mundiales incuestionablemente. Creo que en parte lo hizo, porque el mundo se dio cuenta que a pesar de todo, México es uno de los lugares más felices de la tierra y que nadie nos gana para la pachanga y la fiesta. Ni en penales.

Lo más importante (al menos para mí), fue que ahí me enamoré perdidamente de los mundiales de futbol y aunque las Olimpiadas son muy bonitas y mucho más antiguas, el mundial es el mundial.

Sudáfrica, ahora organizador de esta contienda, me recuerda mucho a México en el espíritu de su gente. Tienen muchos problemas como país, tienen una riqueza en recursos naturales y con todo y eso, los ecos del “Apartheid”, aun resuenan en la mente colectiva de este pueblo.
Así las cosas… han demostrado también ser muy buenos para la fiesta y su mundial, que en lo futbolístico deja mucho que desear, no lo hace cuando vemos la calidez y la felicidad de la gente que conforma esta nación multicolor.

Hace dos días, México hizo lo impensable. Ganarle a Francia por un contundente dos a cero, lo cual tiene al país loco de alegría.

Algunos se enojan y dicen que esto es puro pan y circo, que México no está para celebrar, que hay cosas mucho más importantes que esa, ¿Cómo es posible que estemos celebrando la victoria en un juego de pelota cuando tenemos tanta violencia, narcotráfico, malos políticos y temas en el tintero?

A todos esos detractores les digo, que por favor se vayan mucho a freír espárragos y dejen de estar enchinchando la algarabía tan anhelada, de un país que la ha visto tan poco en los últimos tiempos.

Dice un amigo, que el futbol es la cosa más importante de las menos importantes. Por supuesto yo no pienso que sea más trascendental que todos nuestros problemas; pero si veo a mi país feliz, no me importa que el causante sea un juego de futbol.
Porque el futbol podrá ser sólo un juego y el mundial un espectáculo más; pero el hecho de que en México, un partido nos ponga a todos en pausa y nos una contra alguien externo y además nos provoque una alegría colectiva como país. Pienso que es como una inyección antibiótica para todos nuestros males.

Ahora pienso que aunque un empate nos va bien contra el Paisito, la verdad es que deseo que México gane, para quedar en primer lugar de nuestro grupo y que los Charruas arreglen sus añejas diferencias con Argentina en octavos de final; equipo al que no nos queremos topar, hasta que hayamos calentado un poquito más y podamos ganarle con todo y ese técnico payaso que alguna vez fue un gran jugador.

domingo, 30 de mayo de 2010

Leona Enjaulada

No es fácil tener en una parcial inactividad, a una mujer como mi tirana esposa.
Tres días fue lo máximo que entre toda la familia, pudimos mantenerle confiscado su Nextel. Herramienta primordial de trabajo para ella, con quien mantiene una relación erótico-productiva.
Al cuarto día nos mandó a todos a freír espárragos; retomó el control total de su teléfono y computadora portátil, y a chambear se ha dicho.
Mi esposa es el claro ejemplo del espíritu de trabajo, que siempre ha caracterizado a la gente del norte de México. Su empuje y ahínco así como la manera en la que conduce a sus hordas de colaboradores, es en parte el hecho que le ha ganado el castrense mote de La Generala.

Por favor dime caro lector, como puedo mantener en estado de confinamiento en su segundo piso, durante dos semanas, a una mujer así. ¡A ver dime! No lo sé.
Creo que el título de esta entrada dice más que mil párrafos.

Digamos que mi cargo en esta honorable mansión, ha sido degradado a: Mesero, mozo, cocinero, enfermero, terapista físico, conserje, chofer, contralor y hasta psicólogo. Siendo este último, el que ha tenido los resultados más catastróficos.

La Primera Dama ya está harta de todos y de todo, en especial de este que escribe, que no ha hecho otra cosa, que ser el báculo de su discapacidad.

¡Amor!, (así dice para dorarme la píldora) ¿Me subes un té? Ahí voy con el té.
¡Amor!, ¿Me ayudas a quitarme esto? Ahí voy a quitarle eso.
¡Amor!, ¿Me ayudas a volvérmelo a poner? Allá voy presto a volvérselo a poner.
¡Amor!, ¿Me aprietas la faja? Voy y le aprieto la faja.
Al ratito oigo el inconfundible sonido del velcro despegándose y ya se que la faja, ha sido de nueva cuenta removida por las impacientes manos de mi consorte.
¿Ya te quitaste la faja mi vida? Sí, porque no me fajaste bien. ¡Que raro! Eres la primera que se queja. Ya cállate y apriétame bien la faja. Y allá voy las veces que sean.

Toda esta diligencia y excelente servicio, no hace que mi esposa se compadezca de mí. Todo lo contrario. En estás dos semanas me ha dedicado su peor humor. Esto… queridos lectores, quiero que se sepa y se esclarezca a la brevedad.

Pensé que si la dejaba trabajar un poco desde la casa le haría algo de bien. Todo lo contrario. La Generala es lo que los gringos llaman una “workaholic”, se apasiona demasiado en su trabajo y se molesta con facilidad ante la incompetencia del Masiosare promedio. Entonces se enoja y le aprieta la faja. Si le aprieta la faja, le duele la panza. Si le duele la panza se siente mal y si se siente mal ¡Ay de mi!

¿Qué te pasa “jani”? No me siento bien. ¿Te duele algo? No sé. ¿Cómo que no sabes? Pues me siento rara. ¿No te sientes como si te hubieran operado? Pues si, pero a demás siento otras cosas. ¿Por ejemplo? Pues no se; por lo pronto tengo nauseas. ¿Nauseas? O algo así (suspiro)-termina la confundida mujer, dejándome más confundido a mí.

Joey, quien ha demostrado tener una inteligencia menos desarrollada que una toronja, sorpresivamente ha comprendido este nuevo orden mundial bastante bien. Sólo le hace cariños a ella cuando le llaman y si no, se mantiene a prudente distancia, donde no pueda ser víctima del humor de su ama.
Sin embargo su tarea es más sencilla, porque a él no le piden que suba cosas o que baje cosas o que le quite o que le ponga.
Para eso necesitaría a Rin Tin Tin o a Lassie y pues yo creo que los dos, ya están en el cielo de los perros.

Abro los brazos, miro al cielo y le pregunto al creador: ¿Cuánto más durará esta locura? ¿O es que acaso estás probando mi paciencia para cuando me estrene como padre? ¿O sólo estás experimentando un poco para saber cuanto tiempo le toma a una persona perfectamente normal como yo, tomar la decisión de asesinar a otra?

Por favor no piensen que soy un desconsiderado. Yo se que la Generala está recién operada. Pero la realidad, es que el buen humor con el que salió del quirófano, se ha desvanecido completamente debido al confinamiento.
Por favor no me regañen. No me critiquen, no me digan nada.
Soy un hombre que ha sufrido mucho.

martes, 25 de mayo de 2010

El Via Crucis de la Generala

La Generala fue y vino del quirófano con gran éxito.
Entró en las endemoniadas fauces del lobo y salió sólo con unas mordiditas que le hicieron los mandados.

El sábado quince, como ya estaba estipulado; mi esposita se levantó a la siempre inoportuna hora de las cinco y media de la mañana, para bañarse, maquillarse un poquito, plancharse el pelo e irnos.
Yo no entiendo a mi esposa que, como seguramente muchas mujeres lo hacen, se peina para entrar al quirófano. Los hombres (o por lo menos este hombre) no comprenderemos nunca cosas tan ridículas como esa.
Pues así muy linda y muy planchada, la llevé hasta esa casa de la risa, que en realidad es un hospital “para la mujer”, donde luego de una rápida admisión, la treparon a una silla de ruedas y la llevaron al preoperatorio.
Casi una hora después, entré a verla ya en su camilla y con su batita, sólo para desearle suerte en tan arriesgada empresa.
Debo confesar, que la calma de la Generala, era perturbadora.

Así la vi irse rodando, empujada por dos enfermeras y así me quedé en la sala de espera haciendo lo propio con una variopinta concurrencia de familiares.
Ahí estaban mis suegros, unas tías de mi consorte y la Crayola con el Pelón.

La hora y media en que estaba prevista la cirugía, transcurrió en una relativa calma por parte del contingente.
Cuando se cumplieron las dos horas en el quirófano, este que escribe, comenzó a impacientarse y preocuparse, porque ya estaba demorando más de lo previsto.

Me acerqué al módulo de información, que resultó ser el menos informado, para preguntar sobre el estado de “my love”.
Me hicieron saber que la Generala seguía en cirugía, pero que me mandaba decir el anestesista que todo iba muy bien. También me mandó felicitar porque en sus años de carrera en esa noble profesión de dormir gente, nunca había visto una paciente mejor peinada.

Cuando se cumplieron las dos horas y media, me mandó llamar la doctora para informarme el resultado de la cirugía.
Mi suegra, como buena madre mexicana, me acompañó inopinadamente, para escuchar también.

Los quince segundos que se demoró la ginecóloga en contestar mi pregunta de cómo había salido la cirugía, por estar saludando a mi suegra, se me hicieron eternos.
La intervención había sido muy exitosa y a la par nos mostró el tremendo mioma maldito, que había acampado en el vientre de mi Emperatriz.

Cuando lo vi casi me desmayo y dejé de escuchar a la doctora, ante la imposibilidad de poder quitar la mirada de la tremenda pelota de golf, que le habían quitado a aquella. ¡No era para menos!, ese mioma estaba igualito a la señorita que nos atendió en admisión, así que dejé de hacerle caso a la galena, pero te puedo decir querido lector que todo salió bien y ya.

Un par de horas después, sacaron a la Generala de la temible sala de recuperación que, hay que decirlo, es peor que la cirugía; y ahí venía mi amada (todavía muy peinada, pese a la faena) agitando los brazos como si le acabara de anotar un gol al Barcelona. Eso si… muy acostadita en su camilla.

Las tres noches en el hospital, yo me la pasé yendo y viniendo a lugares sin mucha importancia. Iba a desayunar, luego regresaba. Iba a comer, luego regresaba. Me iba a mi casa a reposar un par de horas, para luego regresar a dormir en un amable sillón, que debo decir, se comportó a la altura de las circunstancias.

A lo largo de las tres largas jornadas, debo decir que mi primera dama se comportó como toda una heroína y al día siguiente, ya estaba paradita al lado de su cama.
El desfile de familiares y amigos, no paró prácticamente en todos los días, así como las llamadas de nuestros seres queridos que están lejos. Todos ellos preocupados por la salud de mi esposita, hasta el día de hoy.

A todos ustedes que estuvieron al pendiente y que a través de sus comentarios en este virginal blog, Facebook y Twitter, nos dieron ánimos… gracias.
También a todos los que llamaron desde la lejanía… gracias.
La paciente Generala con su estoico peinado, les agradece a todos por sus buenos deseos.
Yo también, a falta de mejores palabras… ¡Gracias totales!

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