Por si mis escasos, pero enjundiosos lectores no se dieron cuenta; estuve fuera del aire una semana completa. Esto no es verdad… en realidad fueron dos.
He de confesarte querido lector, que la entrada pasada de la llanta, fue escrita hace dos semanas, preparándome para lo que sabía vendría y el impedimento que tendría de poder escribir estas humildes aportaciones a la literatura universal.
O para que se entienda mejor y utilizando la jerga del mundo de la televisión: Era un programa grabado.
Por cierto… algún lector anónimo, me dejó un comentario aquí en mi virginal blog, corrigiéndome por el uso de la palabra llanta en vez de neumático, que en este caso sería lo correcto. Yo le agradezco a esta persona su aporte y más aún cuando la entrada pasada solamente tuvo 3 comentarios. Mi colega Gabriela Ines Maiorano, quien es la mujer más sabia de todo el cono sur, es infaltable a la hora de comentar y le agradezco mucho eso.
Creo que mi raiting está bajando por no poder leer y comentar otros blogs. Ni modo, en cuanto pueda regresar a ver sus blogs, seguiré haciéndolo y espero que vuelvan los habituales.
Al anónimo, además de mi agradecimiento, le diré que aún y cuando la palabra “correcta e inconfundible” [sic] es neumático; en México, que es donde este que escribe tiene su indiscutible origen; la palabra llanta, también es correcta e inconfundible para referirse a la cosa negra y redonda que hace que se pueda desplazar un vehículo.
Con esto queda zanjando el asunto de la llanta.
Otra cosa que habrán notado mis queridos lectores, es que después de anunciar con toda pompa, los festejos de mi cumpleaños número treinta y dos. No hubo entrada de los mismos. Eso se explica por el hecho de que no pude escribir y la entrada que leyeron la semana pasada se escribió hace dos. ¿Qué cosas no?
Así que con esta deuda a cuestas, les haré una síntesis de los hechos que tuvieron lugar un día antes y un día después del maravilloso y festivo diez de abril.
El viernes nueve de abril, llegaron con toda fastuosidad a esta ciudad de las Montañas, mis amigos los vacunos, desde la fea, pero cariñosa, ciudad de Celaya Guanajuato.
La Generala y yo que tratamos (pero casi nunca lo logramos) ser unos excelentes anfitriones, los recibimos, como sólo se les recibe a los buenos amigos. Con todo y las groserías de la Señora Vacuno, de que ella prefería quedarse trabajando hasta tarde a estar con nosotros, porque pues así es la gente muy ocupada y que viene de ciudades grandes.
A su atormentado marido, quisimos hacerlo feliz en su desdicha; así que lo llevamos a comer a un lugarcillo donde se preparan unos ricos cortes de carne. A mi amigo Vacuno, no le importó caer en el canibalismo y nos zampamos a todos sus congéneres en una sola sentada.
Ya por fin cuando la Sra. Vacuno, decidió salir de trabajar, pudimos entonces llevarla a conocer esta ciudad de las Montañas, que comparada con su ciudad natal, le debe de haber parecido un pinche pueblo polvoso. No importa… es lo que hay.
Al día siguiente comenzaron los festejos aquí en esta mansión que habitamos la Generala, su perruno acompañante y el de la voz… en compañía de mis padres, la Crayola, el Pelón, el Gordo Reformado y los Vacunos. Los conejos no vinieron porque estaban enconejados.
Después de una agradable tarde donde el Sr. Vacuno y el Gordo Reformado se pusieron muy contentos de tomar un licorcillo, que al segundo le hizo alucinar que volvía a pesar 250 kilos; nos alistamos para continuar la “festejación” en la terraza de un restaurant, donde continuamos comiendo, bebiendo y pasándola bien.
Me acompañaron personas a las que apreció mucho. Los conejos se desenconejaron y nos hicieron los honores. Y como era mi cumpleaños, me tomé con ayuda del Vacuno, una botellita de brandy, que me hizo entrar en un estado de profunda comunión espiritual con el universo y los que me rodeaban.
Así salimos a las dos de la mañana, regresamos a nuestro hogar, los vacunos se fueron al día siguiente, aunque intentamos convencerlos de que se quedaran a vivir aquí, no lo logramos. A ver si un día de estos. El domingo nos dedicamos a reponernos.
Esos fueron los imperiales festejos de mis treinta y dos años. Los pasé como lo pasan los hombres más ricos del mundo y eso es, rodeado de todas las personas a las que quiero y tengo la fortuna de tener compartir nuestras vidas.
No me imagino un mejor cumpleaños.
Nada más no me toques por favor
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*Flor de piel*
Desnuda tu cuerpo bajo la mirada crítica de tus ojos. Deja que el espejo
emita su opinión. No los cierres, nada puede ser tan malo. No tiene...
Hace 6 días